
La falta de lubricante se está haciendo cada vez más ostensible y está paralizando el motor económico de varios países. Ahora es nada menos que Suiza la que atraviesa dificultades y el debate en torno a si se rescata o no el banco UBS convulsiona por si solo a toda la economía del país helvético. ¿Se imagina a Suiza con cientos de miles de cajeros automáticos apagados?. Las consecuencias para la economía resultarían ser catastróficas. Pero es el actual estado de cosas que ya hemos descrito en El corte en el suministro de dinero con la deflación ganando terreno, pese al alza imparable en el precio del petróleo.
Suiza está en reposo. Las informaciones sobre los procedimientos de quiebra de los bancos ponen en peligro a más de 120.000 empresas que han visto bloqueadas sus líneas de crédito y congelar 3 millones de cuentas corrientes. Pero, tal como en Estados Unidos, estos monstruos son demasiado grandes para quebrar. ¿Quién patrocinó, entonces, las colosales fusiones bancarias? Los análisis pronostican que una quiebra del sistema bancario suizo provocaría una caída en el corto plazo de un 20 a un 30 por ciento del PIB: 1.500 millones de francos, y con consecuencias que se prolongarían por una década y más.








