Incentivos en contra de la piratería

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Leyendo el libro Freakonomics, de Levitt y Dubner, que recientemente hemos regalado en la encuesta aniversario de El Blog Salmón, he llegado a una parte muy interesante que explica por qué la gente hace las cosas que hace. El libro dice que en toda acción humana hay detrás un incentivo. Y clasifica los incentivos en tres categorías: incentivos económicos, incentivos morales e incentivos sociales. Por ejemplo, en robar hay un incentivo económico que nos incita a hacerlo, pero un incentivo moral (está mal) y uno social (si se entera la gente de que lo haces te rechazaría) que impulsa a no cometer robos.

Otro ejemplo, que pone el libro, podría ser fumar. Cada vez hay más incentivos económicos (impuestos), sociales (está mal visto) y morales (los autores son de EEUU y allí a veces lo relacionan el contrabando con mafias y terroristas) para que la gente no fume. Y esos tres incentivos apuntando en la misma dirección están consiguiendo que la gente fume cada vez menos.

Últimamente cuando voy al cine veo un anuncio que dice que grabar con una cámara de video la película es ilegal. Y recomienda a los espectadores que estén atentos y denuncien si descubren una actitud sospechosa. Es realmente interesante descubrir que dicha situación nunca se va a dar. Ninguno de los incentivos es aplicable.

Primero, no dicen que vayan a dar una gratificación económica para el que denuncie. Segundo, la gente que hace eso no cree que sea algo malo, piensa que los artistas son suficientemente ricos y no les va a afectar a sus bolsillos. Y tercero, la sociedad no ve con malos ojos a esa gente, no van a caer en desgracia. Es más, delatar a alguien, aunque sea por una acción moralmente reprobable, está mal visto.

Es decir, los cines están enfocando mal el problema. Tendrían que estimular alguno de dichos incentivos para que sean efectivas las medidas. Los incentivos morales y sociales son difíciles. De hecho existen campañas en contra de la piratería que no logran calar en la sociedad. La única alternativa que les queda es ofrecer quien descubra a una persona grabando en vídeo en el cine una recompensa económica. Y aún así debería ser bastante cuantiosa, puesto que existe una percepción social y moral bastante negativa sobre la delación.

Los responsables de las salas de cine en España deberían darse cuenta que tienen la batalla perdida.

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