Carta abierta al ministro de Guindos sobre Bankia

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luis de guindos

Sr. Ministro,

Supongo que estos días han sido especialmente ajetreados por la necesidad de tomar decisiones rápidas para que una de las entidades financieras más grandes del país, Bankia, no caiga, con las repercusiones que esta caída traería. Ahora, parece que sólo hay que gritar too big to fail (demasiado grande para caer) y se sitúan primeros en la cola para recibir cantidades billonarias de generosidad estatal.

Proteger el sistema no los participantes

Como se ha dicho en estas páginas, puede que sea perjudicial dejar caer al sistema financiero pero también hay que evitar confundir los bancos que forman parte de ese sistema con el sistema mismo e, incluso, si decidimos que el sistema se debe proteger, no existe ninguna razón por qué debemos entorpecer el funcionamiento del mercado interveniendo en las disciplinas del mercado, aunque sus ex-compañeros de banca le digan lo contrario.

Hace muchos años el economista, Joseph Schumpeter, habló de la destrucción creativa como parte saludable del funcionamiento del sistema capitalista, donde los que tienen éxito ganan y los que fracasan mueren. El sistema capitalista no es seguir el camino actual donde, si tienes éxito, ganas y, si fracasas, ahí están los políticos amiguetes para salvarnos con el dinero público.

Proximamente hablaré de la mejor forma de estructurar los bancos y de controlarlos, con el objetivo de no volver a llegar a la situación en que nos encontramos. No obstante, como estamos en la situación en que estamos, hay que ver cómo mejor resolver la situación complicada de la mejor forma posible, para la economía y para la sociedad, no para los interesados. Como ya se ha comentado varias veces en estas páginas, hay varias formas de proteger al sistema financiero y, también, hay formas de tratar a participantes en este sector financiero cuando tienen problemas. Formas que protegen la integridad del sistema financiero pero sin introducir incentivos y protecciones que sólo causan las actuaciones que nos volverán a traernos problemas en el futuro. En definitiva, si tenemos que actuar, debemos hacerlo con el mínimo impulso de moral hazard, donde incentivamos la continuación de las malas actuaciones.

Los accionistas deben perder todo

Hay dos enfoques importantes que se deben seguir para asegurar que se protege el sistema pero no a los participantes fracasados del sistema y, paralelamente, para que se reduzca el moral hazard. El primero de estos es que los inversores que participan en actividades empresariales deben entender que, si las cosas van bien, ganan pero, aún más importante, deben entender que si las cosas van mal, pierden todo.

Una forma de medir si las cosas han ido mal es cuando van a los políticos para pedir que sean rescatados, definido como sea. Que un gobierno, un banco central o una entidad pública tenga que participar económicamente en una entidad privada, de la forma que sea, inversiones, préstamos, exenciones, etc., es suficiente para demostrar que ese proyecto empresarial ha fracasado. Si el proyecto funciona, que lo hagan sin ayudas públicas y si no funciona, que se cierre. No debe ser más complicado que esto.

Si la entidad es considerada de interés público y el Estado decide asegurar que la entidad no caiga, el Estado debe tomar de los accionistas las riendas y la totalidad del capital de la empresa sin compensación alguna. Estos accionistas no deben mantener su capital, ni en parte.

Si a los accionistas no les gusta este resultado y prefieren buscar otras alternativas, mejor para todos, ya que el dinero público se mantiene en su sitio, en nuestros bolsillos y, si el proyecto empresarial tiene sostenibilidad, que sea con capital privado.

En el caso de que es considerado peligroso mantener a un banco en su situación, y cuando los propietarios no acuden a las ayudas del Estado, cualquier banco puede ser tomado de forma extraordinaria por parte del Estado para prevenir peligros mayores y, en cualquier toma de posesión de un banco por razón de su insostenibilidad, los accionistas perderán la totalidad de su capital. Intervenir una entidad financiera se puede hacer y no sólo se puede hacer bien, pero se ha hecho, incluso en España.

Los directivos deben perder casi todo

Está claro que los miembros de los consejos y los altos directivos son los principales responsables de gestionar con éxito a cualquier empresa y banco. En el caso de una situación donde el banco necesita ayudas del Estado de cualquier forma, los máximos responsables de llevar a la entidad a su fracaso, los miembros de los consejos y los altos directivos también recibirán su merecido. Para empezar, los reguladores deben establecer las siguientes normas para un banco o empresa intervenida:

  • Que los accionistas del banco ayudado pierdan, o se toma su banco y pierden todo, o se inyecta liquidez a cambio de capital barato, donde pierden en dilución.
  • Que el consejo y los altos directivos del banco ayudado son destituídos.
  • Que el consejo y los altos directivos del banco ayudado que se marchan no trabajen más en el sector financiero regulado.
  • Que el consejo y los altos directivos del banco ayudado devuelvan el 100% de la compensación recibida del banco, en cualquier forma que sea, sueldos, sobresueldos, bonus, pagos a sus planes de pensiones, acciones, casas, aviones, todo, durante los anteriores cinco años, quedándose sólo con el sueldo mínimo para esos años, no es excusa que tienen una alta hipoteca que pagar.

Conclusiones

Tanto los miembros de los consejos, los altos directivos y los accionistas de estas empresas deben enterarse que el sistema capitalista permite la posibilidad de emprender y de impulsar el crecimiento y, cuando las cosas van bien, estos pueden beneficiarse y la historia reciente demuestra que se han beneficiado mucho.

También deben enterarse que, si llevan a la empresa al traste, con o sin ayudas públicas, deben recibir el castigo y este castigo no es sólo perder su posibilidad de chupar en el futuro pero, también, perder lo que chuparon durante el periodo en que llevaron a sus empresas al traste.

En el caso de Bankia, una vez más nos encontramos con una empresa privada que parece ser demasiado grande para dejar caer. ¿Sr. Ministro, por qué no lo hacemos para que las cosas salgan mejor?

Saludos.

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