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Una de las diferencias más importantes que existen entre la actual crisis económica en España con otras que han tenido lugar en el pasado, es la naturaleza del ajuste necesario para salir de la misma, y reestablecer cotas positivas de crecimiento económico y de creación de empleo.

En anteriores períodos recesivos de nuestra economía, como por ejemplo en la crisis petrolera de la década de los setenta, en la de 1993 o en la propia crisis de las compañías tecnológicas de principios de este siglo, cuando ha acontecido una caída de las ventas, de la producción y de los beneficios, las empresas han prescindido de una parte importante de sus plantillas, han adelgazado su volumen de producción, en definitiva, han reducido su estructura productiva, consiguiendo en un período más o menos prolongado de tiempo el ajuste requerido.

En la actual crisis económica que tiene sumida a España en su particular letargo, ya hemos realizado la mayoría de su ajuste vía cantidades, tengamos en cuenta que muchos españoles han encarnado el fenómeno del paro, la industria ha congelado su producción, y las exportaciones permanecen estancadas. Siendo necesarias acciones de otro tipo, que no dejan alternativa a que estas irán ligadas al ajuste vía precios, y al deber de anclar estos de una manera más fiel a la evolución de la productividad en las distintas actividades productivas.

Esta corrección se posiciona como la más dolorosa socialmente, puesto que reduce en mayor o menor medida el poder adquisitivo de los ciudadanos, con la particularidad de que estos cuentan con un bolsillo cada vez más esquilmado, y que ahora han de enfrentarse con la incertidumbre de si esta será la medicina para salvar el colapso.

En El Blog Salmón | ¿Cuándo acabará la crisis?
Imagen | joeshlabotnik

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