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La situación desastrosa de las cuentas públicas alrededor del mundo ha convencido a muchos de la necesidad de ajustar las cuentas públicas para frenar los incrementos en la deuda pública y frenar su incremento. Muchos todavía no han llegado a este convencimiento y se supone que pensando que siempre habrá alguien en los mercados financieros (esos odiados mercados) que esté dispuesto a financiar las necesidades de los países necesitados. No obstante, no se debería, al mismo tiempo, criticar a estos mercados financieros y, encima, protestar cuando los costos son altos y cuando la financiación de la creciente deuda toma cada vez más tajada del presupuesto del Estado.

Yo he proclamado desde hace tiempo la necesidad de ajustar las cuentas para que sean sostenibles pero también he criticado a los que han decidido ir de un extremo al otro, empezando por los genios en la Comisión Europea (CE). Durante años no hemos oído ni pío de la CE cuando tenía obligación de valer por los requerimientos del Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea, que empezó a funcionar en 1997 y que fué una parte clave del acuerdo que llevó a la introducción del euro. Se rindieron a las exigencias de los países grandes que incumplían con el Pacto pero que no querían tomar las decisiones para situar sus cuentas en su sitio. Y que se sepa que estas críticas mías no vienen de ahora pero de hace ya años.

Los extremos que comento son que los que ahora proclaman su preocupación por el estado de las cuentas públicas, los déficits estatales y las deudas públicas, para que sean sostenibles inmediatamente, son los mismos que antes ignoraban sus responsabilidades ante el Pacto. Estos ahora exigen que los países en más dificultades introduzcan políticas económicas que sitúen sus cuentas públicas en situación sostenible y lo exigen con impacto inmediato.

Antes que estábamos en boom económico y la dificultad de tomar las decisiones correctas era más político que económico no decían nada y justo ahora es cuando quieren que las cosas se hagan urgentemente, cuando estamos en crisis y cuando es cada vez más complicado para los que menos pueden soportar estas medidas, que son los que más sufren con las urgencias.

Es verdad que los gobiernos necesitan planes inmediatos y estos planes deben ser creíbles y radicales, pero estos planes deben introducirse a lo largo de varios años, de cinco a diez años, para que den credibilidad que los supuestos económicos, de crecimiento, de recortes y de repagos de deuda se puedan cumplir y que sean sostenibles. Solo un plan que mira hacia el medio y largo plazo cumplirá con estos requerimientos de credibilidad y de sostenibilidad.

Los planes urgentes y de corto plazo no los creen nadie y por eso los mercados reaccionan como reaccionan cuando se anuncian. Que se enteren los que critican a los mercados financieros que, si les damos planes creíbles, para el medio y largo plazo y sostenibles, se lo creerán y se verá en la reacción de estos mercados.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) nos trae un análisis del ajuste necesario en los presupuestos anuales por distintos países para que sus deudas públicas bajen al nivel del 50% del Producto Interior Bruto (PIB) para el año 2050.

Ver la situación en este contexto, hasta 2050, es mucho más lógico y creíble y demuestra que realmente se quiere hacer algo de verdad. Por otra parte, el gráfico también llama la atención y hace pensar qué países realmente son los que están demasiado extendidos económicamente, y no son los más obvios.

En El Blog Salmón | España en sobredosis de dolor huele a hundimiento y rescate y No son los mercados financieros son los números insostenibles

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