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¿Qué puede hacer el Gobierno para cumplir con el déficit?

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Ya hay gobierno en España tras casi un año de vacío. Un año que puede costarnos caro en lo que respecta al aspecto económico. Nuestro país incumplió el objetivo de déficit pactado con la UE el pasado año, al irse hasta el 5,1% del PIB, y en estos últimos meses no ha podido hacer nada para contenerlo, a parte de algún retoque como la recuperación del pago a cuenta del Impuesto de Sociedades.

Pero ya no valen excusas. El nuevo gobierno tiene deberes por delante, y bastante complicados. Esta semana la UE ha reiterado a España la necesidad de afrontar duros ajustes para cumplir con el déficit de 2017. Las últimas estimaciones que han llegado desde Bruselas apuntan a que España acabará el próximo año con un déficit del 3,8% del PIB, cuando debe bajarlo al 3,1% para cumplir lo acordado, lo que supondría un desfase de 7.700 millones de euros.

Con una estimación de crecimiento del 2,3% para 2017, la UE quiere que España tome medidas y que no fíe al crecimiento del PIB la reducción del déficit, pues espera que sea menor que este año. Por lo tanto, al gobierno no le queda otra que presentar unos presupuestos para el año que viene que recojan las peticiones de Bruselas si no quiere que esta vez nuestro país sí sea multado.

En esta tesitura… ¿qué puede hacer el nuevo Ejecutivo de Rajoy para bajar el déficit?

Subida de impuestos, casi obligada

Por mucho que durante la campaña electoral Rajoy prometiera volver a bajar el IRPF si ganaba, la realidad le va a hacer virar su estrategia. La situación de las cuentas públicas no permite que una nueva bajada impositiva se lleve a cabo sin tener aún más impacto en el déficit. Es más, requiere que se suban los tributos para poder hacer frente a los requerimientos de Bruselas.

La recuperación del pago mínimo a cuenta de Sociedades fue el primer paso, pero el camino a la meta de déficit exige muchos otros. Aunque parece que se descarta una subida de IRPF a corto plazo -pues sería una auténtica contradicción tras bajarlo el año pasado y, además, sería como un reconocimiento público por parte del gobierno de que en aquel momento se equivocó-, hay otro tipo de tributos susceptibles de sufrir incrementos.

Uno de ellos puede ser el IVA, ya que la UE se lo ha recomendado a España después de no imponerle ninguna sanción por pasarse con el déficit de 2015. Si bien puede que no afectara al tipo general, que seguiría al 21%, sino al reducido, que tributa al 10% y se aplica a los transportes o a la hostelería -lo que supondría un fuerte golpe para estos sectores-. No obstante, algunos expertos comentan que el tipo general podría subir al 23%.

Cristobal Montoro

Pero hay más. La pasada semana, el periódico Cinco Días apuntaba a que el gobierno estaría estudiando subir los impuestos a los hidrocarburos, los medioambientales y de nuevo sociedades, que podría registrar un aumento dirigido a las grandes corporaciones empresariales, que gracias a la ingeniería fiscal son las que menos tributan hoy en día.

Además, también se podrían reducir ciertas deducciones y beneficios fiscales, como las que afectan a la vivienda -alquiler y compra-, o a las familias numerosas.

Menos gasto, menos crecimiento a largo plazo

Otra de las medidas más probables que tomará el Ejecutivo vendrá por la partida del gasto. La ecuación es simple: ingresar más y gastar menos. Para ello, se espera que vuelvan los recortes a las partidas que todos sabemos: educación, sanidad y gasto social. Si bien el gobierno se ha propuesto el triple tirabuzón con los próximos presupuestos.

Esta semana el PP ha señalado que los presupuestos para el año que vienen tendrán que combinar la reducción del déficit con la creación de empleo. Una ecuación que tiene un resultado claro: si se quiere crear empleo invirtiendo menos recursos, el empleo que se generará será precario y temporal, nada nuevo bajo el sol.

Por lo tanto, el panorama nos hace temer lo peor, si es que se puede. Nuevos recortes se avecinan por el horizonte. Esta vez, Bruselas no está dispuesta a pasar ni una más después de tanto incumplimiento y los ajustes vendrán, de nuevo, a recaer sobre las clases medias-bajas, las que más dependen de eso que antes llamábamos gasto social y que parece haberse convertido en accesorio.

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