Se necesita equilibrio entre las prisas y las políticas económicas correctas

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Se ha hablado mucho de la batalla entre los que buscan la prosperidad y los que prefieren la austeridad aunque, como ya he dicho más de una vez, no conozco a nadie que prefiera la austeridad a la prosperidad. El debate relevante es cómo conseguir el segundo frente a lo que ahora tenemos, el primero. Como muy bien ha dicho Aurelio en su título, Austeridad y crecimiento pueden ir de la mano si los políticos quieren, y es hora de ser responsables y de dejar de hablar de cómo otros nos pueden ayudar y volver más a qué debemos hacer nosotros para ayudarnos.

Los políticos están recibiendo muchos consejos, por una parte, de que la forma de dar marcha atrás al decrecimiento económico es incentivando el consumo y, cómo mínimo, que no es el momento de reducir gastos en este ambiente de poco consumo. En el otro lado, están recibiendo llamadas de que la situación económica no se resolverá con más consumo artificialmente estimulado, que las economías han estado mal estructuradas y que las cuentas públicas están desequilibradas y que lo fundamental es que los países tengan planes económicos que sirvan para equilibrar las economías y hacerlas más sostenibles y, también, para dar marcha atrás al desequilibrio económico de forma creíble y sostenible.

Como hay Nóbeles de economía en todos los lados, no es fácil decidir el mejor camino y, como a un político no se le tiene que convencer mucho para gastar más, no sorprende que esa sea la solución preferida.

Como bien nos dice un Estudio (PDF) del Fondo Monetario Internacional (FMI), hay que equilibrar los riesgos de las políticas fiscales en un contexto de la difícil situación de las economías y ahí está la dificultad para los políticos. El problema es que el argumento de gastar para solucionar se ha utilizado desde que estalló la crisis y el hecho de que, después de billones gastados, de déficits por las nubes y de deudas ahora insostenibles, todavía se oyen esas voces pidiendo más de lo mismo.

La realidad es que la confianza en España volverá cuando los inversores, tanto los extranjeros como los nacionales, y los consumidores vean que hay unas políticas económicas y un proceso para llevar al país funcionando. No promesas de lo que van a hacer o promesas de que lo pensarán, pero políticas reales, anunciadas e introducidas. Estas políticas estructurales y económicas, este plan, este proceso se debe anunciar e introducir ya y no como muchos dicen, incluyendo el gobierno español, que lo harán cuando las cosas mejoren.

La contrapartida de esto es que no es necesario tener las prisas que muchos parece que tienen para ver resultados inmediatos. No se dan cuenta estos que, con un plan creíble y sostenible de cinco a diez años que sitúa al país en una senda correcta para llegar a los niveles que se exigen, tendrá un impacto inmediato.

Mañana mismo los mercados y los consumidores cambiarían el chip si vieran un plan creíble y sostenible en función.

En El Blog Salmón | Los planes de austeridad también hunden las ventas de Alemania, La OCDE sugiere políticas económicas a la UE y El Plan Económico de la UE para 2020

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