Conseguir la independencia financiera y jubilarse joven, ¿mito o realidad?

Conseguir la independencia financiera y jubilarse joven, ¿mito o realidad?
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Escandaliza y apasiona a partes iguales. Si algo tiene el concepto de independencia financiera es que no te deja indiferente. Hay quien se lo cree y se lanza a conseguirlo, y hay quien lo considera tan utópico que se ofende con solo escucharlo.

La independencia o libertad financiera es el momento en que dejas de necesitar un trabajo para vivir. Alquileres, fondos de inversión, dividendos… El sueldo te lo pagan tus activos en lugar de una empresa o el Estado. La gracia de todo esto es lograrlo antes de pasar media vida encerrado en una oficina.

Este concepto se popularizó en Estados Unidos con las siglas FIRE, Independencia Financiera y Jubilación Temprana, en inglés. Personalidades como Mr. Money Mustache lideran un movimiento que, como veremos más abajo, se convierte más en una filosofía de vida que en una estrategia financiera.

A España llega en un momento donde la sostenibilidad de las pensiones se pone en entredicho, la conciliación laboral es inexistente y la generación millennial cree poder cambiar el status quo. De esta coctelera nacen blogs como La Hormiga Capitalista con la intención de difundir el mensaje de que hay una alternativa a la jubilación tradicional.

Todo esto suena muy bien pero seguro que no me equivoco demasiado si digo que estás pensando en la pregunta del millón: ¿Tiene sentido para el ciudadano de a pie o nos están vendiendo humo a paladas?

Veamos lo que en teoría hay que hacer para lograr la libertad financiera

Para saber si es factible alcanzar la libertad financiera debemos entender cómo se consigue. Sin entrar en detalles técnicos veremos cuáles son los pasos con los que, sobre el papel, podríamos alcanzar este objetivo.

1. Ahorrar una gran parte del sueldo, mucho más que la media en España

Para llegar a tener un gran patrimonio lo primero que hay que hacer es acumular dinero. Mucho dinero. Los seguidores de este objetivo nos dicen que tenemos que ahorrar, al menos, la mitad de nuestro sueldo. Eso si queremos conseguir la independencia financiera en un tiempo razonable, 15 o 20 años.

Para conseguirlo, la frugalidad y el minimalismo se convierten en estilos de vida casi imprescindibles. Aunque quizá no hace falta llegar a los extremos de la película Manual de un tacaño.

El problema está en que si contrastamos estas cifras con la realidad española, vemos que hay un gap importante. Tal y como te contábamos aquí, los datos del Banco de España apuntan a que el ahorro medio en nuestro país es inferior al 6%.

Si bien podemos estar de acuerdo en que muchas personas podrían mejorar sus finanzas domésticas, la hipoteca, los hijos y el coste de vida en las principales ciudades imposibilitan que muchas familias ahorren tales cantidades.

Como consecuencia, la independencia financiera requiere un nivel de ahorro solo alcanzable por aquellos con una nómina abultada. Cobrando el salario mínimo va a ser muy complicado conseguirlo, a no ser que pasemos toda la vida en casa de los padres o que nos convirtamos al lonchafinismo.

2. Invertir el dinero ahorrado, pero con riesgo

Después de ahorrar el dinero toca invertirlo para hacerlo crecer. Para muchos, la primera opción es ir al banco e ingresarlo en un depósito. Bien guardado y con un riesgo mínimo. Pero hay un pequeño problema: los bancos no dan casi nada por dejarles el dinero.

Por mucho que ahorres, con un depósito al 0,1% va a ser muy complicado llegar a la independencia financiera. Por este motivo, las personas que quieren alcanzar este objetivo están obligadas a invertir con riesgo. Sin riesgo no hay gloria, dicen. Veamos algunas opciones de inversión más interesantes.

El ladrillo siempre ha pegado muy fuerte en nuestro país. Si se lo podían permitir, muchos de nuestros padres y abuelos optaron por comprar un piso como inversión. Un bien tangible que podían utilizar. Esta cultura aún prevalece entre los que quieren lograr la libertad económica. Se compran inmuebles para ser alquilados y obtener unas rentas. La idea es que esas rentas lleguen algún día a superar los gastos y poder así dejar de trabajar.

Otra estrategia de inversión muy común es la de comprar acciones de empresas que durante mucho tiempo hayan repartido dividendos. Es decir, compañías que suelen dar parte de las ganancias a sus accionistas. Abertis y Enagás en España o Coca-Cola y Johnson & Johnson en Estados Unidos son algunos ejemplos.

Al inicio esos dividendos son solo unos céntimos al año pero, de acuerdo con la teoría, si se invierte de forma recurrente, diversificada y acertada (sobre todo acertada), algún día pueden llegar a ser equivalentes a un sueldo.

Por último no podían faltar los fondos de inversión. Y en especial, los fondos de inversión indexados, fondos cuyo objetivo es replicar un índice bursátil. Algo así como invertir en todo el mercado en lugar de que un gestor escoja las acciones una a una. En este artículo lo explican con pelos y señales.

A esta estrategia se la conoce como gestión pasiva y cuenta con muchos de los elementos que agradan a las nuevas generaciones: simplicidad, bajas comisiones y, desde la llegada de los robo advisors, digitalización. Estos elementos han conseguido que sea una estrategia de inversión cada vez más popular entre los que quieren alcanzar la libertad financiera.

Hay más formas de invertir para llegar a ser libre financieramente, pero todas comparten un denominador común: invertir a largo plazo para superar a la archienemiga inflación y obtener rendimientos que puedan convertirse en rentas.

3. Dejar pasar el tiempo y que todo vaya según lo previsto

Bien, en el supuesto caso de conseguir un ahorro muy elevado e invertirlo a largo plazo, algo nada fácil, solo faltaría dejar pasar el tiempo y rezar para que todo salga según lo previsto.

El papel lo aguanta todo, pero su aplicación a la realidad es otro cantar. En esos 15, 20 o más años pueden suceder muchas cosas que impidan alcanzar el ansiado objetivo. Dificultades laborales, problemas de salud, baja rentabilidad...

Parece que conseguirlo sea casi un milagro, y de ahí los rezos. Aunque, quién sabe, quizá sea más probable que cobrar una pensión decente al llegar a nuestra jubilación.

Por no hablar de que hay que mantener un nivel de ahorro muy elevado durante todos estos años. Más allá de la dificultad de la hazaña, este estilo de vida puede plantear serias dudas a sus seguidores.

¿Estoy sacrificando demasiado el presente por un futuro incierto? ¿La Parca vendrá antes de tiempo y nunca sabré lo que es vivir? ¿Voy a acabar siendo el más rico del cementerio? Hay que tenerlo muy claro.

Y no olvidemos la parte social. Otro gran problema es el de sentirse incomprendido. Por lo visto, la gente te mira raro si dices que quieres jubilarte a los 40. Ir a contracorriente durante tanto tiempo no es fácil y el miedo al rechazo provoca que muchos prefieran no compartirlo con amigos y familiares.

Conclusión: La independencia financiera es una realidad, pero no para todo el mundo

En nuestra opinión, después de indagar un poco en el tema, la conclusión es que la independencia financiera puede, y repito puede, ser una realidad. La teoría tiene todo el sentido del mundo pero en la práctica solo unos pocos podrán conseguirlo.

Newlife

Se necesita una combinación de ingresos elevados, austeridad, tolerancia al riesgo y mucha constancia para tener alguna posibilidad. Por desgracia, el primer criterio de la ecuación, los ingresos, ya excluye a la mayoría de familias en nuestro país.

Aún así, dejando de lado el objetivo de la libertad financiera, los mismos pasos aplicados de forma moderada podrían mejorar las finanzas domésticas en muchos hogares.

Incrementar el ahorro en la medida de lo posible e invertir a largo plazo para combatir la inflación no parece descabellado. Quizá nunca lleguemos a la libertad financiera pero muchos estamos a tiempo de mejorar nuestra economía presente y futura.

Imagen | Unsplash

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