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Hace tiempo que Coca Cola dejó de ser un fabricante de bebidas para ser un dispensador de buen rollo. Como ejemplo tenemos uno de sus últimos spots/acciones promocionales: el cajero de la felicidad. Montemos un cajero automático que de 100 euros por la patilla para hacer felices a terceras personas, incluso con sugerencias al respecto.

Qué bonito. Me sube la bilirrubina. Lástima que hace tiempo que ese mecanismo de buenrollismo financiero, de hacer felices a terceros, ya lo inventaron nuestros políticos. En esta ocasión la creatividad cocacolera se ha quedado un tanto atrás.

En el fondo de eso se trata este Estado del Bienestar que ahora agoniza, igual que lo hizo en su día el modelo comunista. Todo gira alrededor del manido concepto de solidaridad, una solidaridad que por impuesta ha sido vaciada de todo significado. Nuestros políticos, los que abastecen ese cajero automático llamado Estado, no te quitan el dinero por motivos egoístas, no, te lo quitan para que seas solidario con otras personas, para que hagas felices a terceros.

Y ese cajero estatal ha abastecido de dinero a a amplios grupos, muchas veces a través de intermediarios (políticos, ongs, sindicatos, etc) que sólo querían hacer el bien a terceras personas (bueno, y lógicamente algo se quedaba en esas organizaciones y sus líderes, que la caridad bien entendida empieza por uno mismo).

Pocos se planteaban si era justo de donde salía ese dinero, a quien se le quitaba del bolsillo vía impuestos, a que ahorradores se le limaba vía inflación o a qué generaciones se trasladada vía deuda. Lo importante era lo bien que nos hacía sentir a todos hacer felices a los demás. Todo el mundo era bueno.

Por supuesto, Coca Cola desmontó rápidamente esta maquina solidaria. A nosotros nos va a llevar más tiempo hacerlo.

De hecho me temo que habrá una evolución 2.0 del modelo. Si el Estado legitimaba el saqueo con que nutría el cajero en nombre de la solidaridad, de la felicidad universal, cuando cese la distribución estatal, no sería de extrañar que haya quien prescinda de ese intermediario y se dedique a robar directamente, a asaltar comercios, a ocupar propiedades. Eso sí, en nombrhe de los más necesitados.

¿A alguien le suena? Los cajeros ya no son necesarios, y la apariencia de Estado de derecho pronto dejará de serlo.

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