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La tan temida inflación, a la vuelta de la esquina
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La tan temida inflación, a la vuelta de la esquina

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La crisis que comenzó en 2007 y se oficializó en 2008 ha traído algunas situaciones curiosas. Una de ellas es la ausencia de inflación. Si nos fijamos en el periodo 1997 a 2006 los precios subieron en España un 33 % y en la UE un 21 %. Sin embargo entre 2007 y 2016 esta subida se limita a 16,1 % y 16 % respectivamente.

Este es uno de los efectos más reconocidos de las recesiones: el estancamiento impide que los precios suban a no ser que haya un factor externo que los impulse (por ejemplo el precio del petróleo en los años 70). Sin embargo este efecto no se ha visto en esta gran recesión sino todo lo contrario: el crecimiento del comercio internacional hace que exista una presión a la baja de los precios.

Deuda pública y bancos centrales

Además en algunos países existe además un problema de deuda pública. La crisis ha afectado a los presupuestos y las deudas se han disparado. Uno de los países afectados ha sido España, pero también Italia, Grecia, Irlanda o Japón. En general pocos países han logrado reducir la deuda en esta década.

Los bancos centrales han actuado para evitar problemas mayores. Por un lado los tipos de interés han llegado a niveles nunca vistos en países desarrollados, teniendo en la actualidad casi todos los países tipos en cero o muy cercanos a cero.

Además los bancos centrales han actuado de forma no convencional, titularizando deuda pública en base a emisiones de moneda. El BCE, por ejemplo, ha estirado al límite su tratado fundacional. Y esto se ha traducido en que la deuda pública de las principales economías esté a tipos muy bajos o incluso negativos. El caso más significativo es el de Suiza, que llegó a tener todos sus bonos en negativo.

Todas estas políticas de relajación monetaria tienen un riesgo muy claro: la inflación. Cualquiera sabe que cuando un banco central se pone a imprimir dinero la inflación se puede disparar. Sin embargo esto no ha sucedido. ¿Por qué? Simplemente porque el aumento de la base monetaria es solo una de las condiciones necesarias para que haya inflación. La otra es que el dinero se mueva, y la movilidad monetaria también ha sido baja durante la crisis.

La inflación que llega

Algunos expertos apuntan que un poco más de inflación es necesaria para salir de una forma definitiva de la crisis. Por un lado la inflación ayuda a que la deuda pública se reduzca. Por otro las diferencias de inflación entre países permiten que los más afectados por la crisis ganen competitividad. Y por último, algo de inflación permite que las políticas monetarias sean ortodoxas, ya que ahora mismo los tipos están en su límite bajo, de hecho los tipos negativos ya están empezando a provocar que algunos acumulen dinero en cajas de seguridad en lugar de en los bancos.

Sin embargo generar "algo" de inflación es complicado. Una vez que empieza, argumentan otros expertos, es difícil de controlar y podemos tener una época de inflación desmedida que sea muy negativa. Estos expertos de momento han visto como sus predicciones no se cumplían pero ahora hay nuevos datos que nos indican que quizá estemos llegando al fin de la época de poca inflación.

Por un lado hemos visto los datos de inflación de España y las previsiones de la Comisión para el próximo año: ya vemos que la deflación ha quedado atrás. Por otro vemos que con la victoria de Trump en EEUU las expectativas de inflación se disparan: seguramente se produzca un crecimiento en el gasto público y una reducción de impuestos, con lo que la inflación se va a disparar. Es decir, la velocidad del movimiento del dinero se incrementa, y esto unido a la gran base monetaria que tenemos nos indica una cosa: viene la inflación.

¿Seremos capaces de controlarla? Es complicado de predecir. Las presiones inflacionarias de los 70 y 80 nos dicen que es difícil y se necesitan políticas muy restrictivas por parte de los bancos centrales, pero también es cierto que en dicha época había una presión externa (el precio del petróleo) que hoy no vemos. Pero los populismos que vienen crearán presiones inflacionarias pues la única forma de contentar a sus votantes es creando empleo de mala calidad disparando el gasto. Aún así, el futuro siempre está por ser escrito.

Imagen | DHuiz

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