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Comienza el baile de rumores sobre la nueva reforma educativa que en estos momentos se cocina a fuego lento en los altos hornos del Ministerio de Educación. Y es que como todos ya saben: a gobierno nuevo, sistema educativo nuevo. Cada vez que Moncloa cambia de inquilinos, los nuevos visitantes llegan con una reforma educativa bajo el brazo. Hasta la fecha, ninguna ha triunfado y sólo han dado lugar a un fracaso escolar sin precedentes para un país que pretende formar parte de la élite europea.

Una de las líneas básicas del nuevo modelo que está generando más controversia en los senos de los equipos docentes es la que se refiere a la introducción del latín, que se convertiría en una asignatura troncal y obligatoria. Sí, han leído bien: latín. Nada de perfeccionar el inglés, lengua que a pesar de que nuestros jóvenes estudian durante doce años en las aulas nunca terminan de dominar.

No dudo que el latín sea la lengua madre, pueda ayudar a conocer nuestro castellano con más profundidad o mejore el bagaje cultural del alumnado pero, ¿realmente es más importante que el inglés, el francés o el alemán? El mercado laboral reclama idiomas y el latín no es uno de los prioritarios.

Otro de los cambios que se pretenden introducir hace referencia a la implantación de una prueba al finalizar la etapa de Primaria. En la misma, los alumnos deberían demostrar que tienen los conocimientos más básicos para afrontar la Secundaria con éxito, que saben leer y que comprenden perfectamente un texto, lo cual es una medida positiva ya que provocaría el efecto embudo y obligaría al profesorado de Primaria a subir los niveles y no ser benevolentes en las calificaciones.

La reducción del número de asignaturas sería otro de los puntos incluidos en la nueva reforma educativa. Este punto es crucial y supone uno de los mayores focos de quejas de la comunidad educativa. Actualmente la Secundaria está inundada de asignaturas “de relleno” que quitan horas a otras de mayor importancia como Lengua, Inglés o Matemáticas. Como docente estoy totalmente a favor de la supresión de estas asignaturas secundarias en pro de un incremento de horas de las materias más importantes.

En definitiva, aún es pronto para extraer conclusiones. Nadie duda de que implantar un sistema educativo basado en valores y conocimientos reales es crucial para garantizar la formación de las generaciones que vendrán en un futuro. Deberíamos, eso sí, mirar hacia los modelos educativos de más éxito internacional y copiarlos sin pudor. Si algo funciona, copiémoslo. Innovar es bueno pero ya es tarde para los experimentos. Llevamos años de retraso, ¡copiemos!

En El Blog Salmón | Sí y no a los cambios en Educación Primaria y Secundaria, Profesor de secundaria: una profesión en crisis, ¿Tiene el sistema educativo español?
Imagen | scui3asteveo

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