En los últimos meses se ha hablado mucho sobre la ‘necesaria reducción’ que debe afrontar la administración del Estado en general, y la administración local en particular. Por ello, el tamaño necesario que ha de tener un municipio para ostentar un ayuntamiento se está cuestionando.
Los municipios de nuestra geografía han tenido un crecimiento muy desigual, de modo que localidades que han perdido habitantes han mantenido una estructura administrativa propia de municipios de mayor tamaño, y otros más grandes en los que dicha estructura ha crecido más que lo que le correspondería teniendo en cuenta las ‘necesidades del servicio’.
Es una realidad que existen muchos puestos directos e indirectos que genera una casa consistorial, y aunque en en muchos de los casos los puestos se obtienen por oposición, hay una gran mayoría que son decididos ‘a dedo’ por políticos, creando puestos que reservan para sus ‘amiguetes’ como moneda de cambio a un conjunto de actividades privadas y ajenas a los intereses de la localidad.
Por esa misma razón, al ser la administración del Estado con mayor porcentaje de empleados que han accedido a sus puestos de trabajo al margen del procedimiento y sin tener en cuenta criterios objetivos de selección, los ayuntamientos tienen el problema añadido de qué hacer con este colectivo de trabajadores públicos, de estómago agradecido, que en muchos de los casos no posee una formación competitiva.
A mi parecer, este nivel de la administración del Estado es el más reticente a disminuir su tamaño, a pesar de ser el más débil desde el punto de vista financiero, cuya financiación procede en su mayor parte de tributos y tasas recaudados en la propia localidad, y que tienen un margen muy limitado por la agudeza de la crisis en las familias, en un país que por su naturaleza posee un coste de la administración muy superior al de los países de nuestro marco de comparación, y en el que cada día se admite más que desde hace tiempo es excesivo.
El Blog Salmón | Ante los recortes los alcades dan la vuelta a la tortilla con sus empresas públicas
Imagen | jose1969
Comentarios
interesante
Lucerito, no tengo tan claro que proporcionalmente sea la administración pública con más enchufados. Yo apuesto más por las Comunidades Autónomas en ese sentido. En lo que si creo que están las dos Administraciones igual es en la falta de mecanismos adecuados de control.
Porque obligamos a las empresas que facturan más de 6 millones de euros a realizar auditoria y no hacemos lo mismo cuando son ayuntamientos.
Porque obligamos a contemplar como riesgo las deudas avaladas por una empresa, y sin embargo los avales a empresas públicas de las Comunidades Autónomas, no computan a efectos de limitar su endeudamiento.
Más que reducción de tamaño (que en muchos casos también), faltan sistemas de control, transparencia informativa, una gestión mas profesionalizada, sustitución de las diputaciones provinciales por una comarcalización de determinados servicios y políticas territoriales, etc.
Pero en este ámbito de la gestión local, creo que los cambios van para largo, así que más que nunca somos profetas del desierto.
-- editado por última vez a las 22:10
Creo que la necesidad principal de la administración local está en la profesionalidad y optimización del personal. Conozco ayuntamientos en los que el personal funcionario no llega ni al 10%, el resto son trabajadores metidos por los diferentes equipos de gobierno y que con el tiempo han adquirido la condición de personal laboral, a los que les correspondería una indemnización considerable en caso de echarlos. ¿Quién pone el cascabel al gato?
Exacto, profetas en el desierto. ¿Creéis que algún día se solucionará el problema de la transparencia y control de corporaciones locales? Me da la impresión de que está más cerca el día de visitar otra galaxia.
Rafawar, no olvidemos el creciente empuje del opendata y el opengovernment.
La transparencia debería ser una exigencia, no una concesión de los políticos.
Abundando en lo que bien describen Lucerito y Marcos Cantó, es indudable que el clientelismo político, la cesión a presiones nacionalistas y consistoriales, y la tolerancia e incluso invitación al endeudamiento a todo organismo público de cualquier nivel, ha llevado a que la mayoría de las sucursales del poder hayan ignorado toda regla de prudencia y de economía de escala.
Por ejemplo, si no recuerdo mal, en España tenemos más Ayuntamientos que Alemania, con la mitad de su población. Esto en sí podría no ser malo, pero sí lo es cuando la eficiencia de los nuestros es infinitamente inferior, los tiempos de decisión son larguísimos, el intervencionismo desesperante, etc.
Y como sabemos, no sólo el tamaño importa, la eficacia y diligencia es especialmente indispensable en la gestión pública ya que esta está al servicio del ciudadano y no al revés.
-- editado por última vez a las 10:01
Es muy simple que sea reticente,hay mucho enchufismo político y mucha gente chupando del bote,que se le acabaria el chollo.
Yo creo que las A.A.P.P no tienen ningún objetivo predefinido, ni minizar costes, maximizar productividad...
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28La foto que aparece en el artículo es del Ayuntamiento de Priego de Córdoba, otro ejemplo más del desbarajuste en que se han convertido nuestros ayuntamientos: enchufismo de escándalo, concejales sin oficio que se buscan la vida de esta forma, falta total de ética, endeudamiento soberano, vivir a espaldas del pueblo y apatía por los problemas reales de los pueblos; de lejos se ve que van únicamente en beneficio propio. Y lo triste es que con el tiempo se nos hace ya normal.
9 Comentario moderado
8La gran pregunta es, ¿conseguirán las administraciones de todo tipo convertirse en creadoras de riqueza o no?
Si la respuesta es no, la siguiente pregunta es obvia, ¿cuándo se hundirán y tendrán que entrar en suspensión de pagos?
La productividad española está por los suelos, conozco casos de directores de empresa que promulgan que los trabajadores deben esforzarse más, pero ellos se marchan todos los viernes al medio día.
Y trabajadores que se quejan mucho de la explotación de las empresas pero luego no curran ni 7 horas de sus 8 horas de jornada.
Evidentemente eso es problema de las empresas privadas y sus accionistas y propietarios que perderán dinero con ellos (y de los subordinados o compañeros que deben suplir sus carencias y se quemarán y se marcharán), pero en la empresa pública no se deberían tolerar esos comportamientos, so pena de destruir el escaso estado de bienestar que nos queda.
Y los ayuntamientos deberían ser el primer ejemplo de utilidad y servicio al ciudadano.
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