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diferencias

Acabo de publicar un post sobre la hipocresía de algunos en relación con la reforma laboral. Partidos políticos, sindicatos y periodistas no quedan bien parados. Eso si, todos tranquilos que seguro que encuentran una buena justificación para esas aparentes contradicciones. De hecho, es un mal bastante extendido a retorcer el lenguaje al hablar de dinero.

En este post vamos a centrarnos en dos ejemplos de esta realidad que comento. Por un lado los movimientos de insumisión fiscal, heterogéneos pero con un sustrato común, como luego veremos. Por otro un odioso concepto que ha retomado su fuerza en los medios últimamente, el de la fuga de capitales.

Respecto a los primeros la verdad es que tienen que hacerselo mirar. Muchos de aquellos que impulsan manuales para la insumisión fiscal, de las plataformas que defienden el no pagar a concesionarios de la Administración Pública, o que juegan al Doom en el Metro, son los mismos que reclaman más mano dura fiscal. Quieren subidas de impuestos (para otros), defienden sanciones y cárcel por motivos fiscales (para otros), etc. Ahora bien, cuando ellos no contribuyen con sus obligaciones fiscales, eso no es fraude fiscal, es que son insumisos.

¿Cuál es la diferencia? Pues, por mucho que me devano los sesos, yo no las acabo de ver. O tal vez si, pero casi como que les deja aún peor. Y es que para empezar, te contarán que ellos van de frente, que no se esconden, que ya le avisan a la Administración que no van a pagar, frente a los “defraudadores malos”. Y digo yo que para eso ayuda mucho que las consecuencias de dichas practicas para unos y para otros sean muy diferentes. En la cuantía el pellizco que les pueden meter es muy limitado, y desde un punto de vista sancionatorio cuentan con un respaldo sociomediático considerable.

Pero la diferencia fundamental es que ellos, a diferencia de los de “defraudadores malos”, manifestarán que no lo hacen por lucro, que tienen una finalidad ideológica. Concretamente, y según algunos afirman:

Nos comprometemos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para construir un nuevo poder popular que posibilite una nueva sociedad donde las decisiones sean tomadas realmente por el pueblo. Entendemos que tras la gran acumulación de indignación que hemos vivido, la mejor forma de recuperar la dignidad es mediante la rebeldía. Entendemos como dignidad nuestra capacidad de desobedecer leyes injustas y/o contrarias al bienestar de los pueblos.

Y digo yo que entonces no entiendo su indignación con el fraude fiscal, ya que el punto de partida es similar: no me creo el proyecto común, no comparto la distribución de costes beneficios, y elijo una alternativa, la mía individual. ¿Quiénes son los insumisos fiscales para criticar nada a los defraudadores fiscales? Carecen de cualquier legitimidad moral, es más, pretenden imponer a otros lo que no quieren para ellos.

Otro tanto ocurre con la odiosa expresión “fuga de capitales”. Los medios, los políticos, algunos bloggers, se refieren con la misma a la legitima opción del titular de un depósito de efectivo de transferirlo al extranjero, a otra jurisdicción. ¿Fuga?, Esa expresión suena a a estar realizando algo ilegal, y el dinero es suyo y puede hacer con él exactamente lo que quiera. El concepto de fuga de capitales es propio de aquella (triste) época en que no existía en España la libre circulación de los mismos. A ver si nos vamos enterando de que es perfectamente legal y legitimo llevarse el dinero de uno donde se deseé.

Es curioso como los mismos que proclaman conceptos como el de la soberanía, el de las libertades individuales, etc, se escandalizan por que sus convencimos hagan uso de del derecho de propiedad sobre su patrimonio, eligiendo entre dos opciones igual de legitimas. ¿Acaso tengo menos derechos como ciudadano de los que defienden ellos para los Estados? Yo estoy seguro que si, que somos de segunda categoría.

En El Blog Salmón | Yo no acuso: la contraeconomía, Los que más tienen
Imagen | sarihuella

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