Yo no acuso: la contraeconomía

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Hace unas semanas alguno de vosotros nos sugería el hacer una suerte de antología con los posts y publicarla como libro. Lo hemos estado debatiendo y supongo que algo pueda salir. Me parece una buena idea, aunque, sin embargo, lo mejor, como en tantas otras cosas, quizás es lo que no se ve. Hay momentos en que la lista de correo del blog, allí donde debatimos los editores, genera contenidos dignos de ser expuestos. A veces humorísticos, a veces serios, pero francamente jugosos. Si a eso le unimos algunos correos que llegan cuyo contenido oscila entre lo delirante y lo irreproducible creo que la publicación de esa cara b sería auténticamente valiosa. Claro que, esa cara b, de uno modo u otro, sale a la luz muchas veces en los posts, como ha sucedido en este post de Javier que comentaba el poder absoluto del PP, y que fue objeto de comentarios en la mencionada lista.

Me ha parecido sumamente oportuna la publicación del post por parte de mi compañero, justo a posteriori de la publicación de la primera batería de medidas del PP. Cuando se le da el poder absoluto a alguien, salvo casos clínicos, este no suele dudar en ejercerlo. Ese afán intervencionista que lleva en el ADN todo político de casta (entiéndase en todos los sentidos posibles de la acepción) ha pillado por sorpresa a más de uno. Especialmente a aquellos, como Alex, que no se esperaban medidas por parte de un gobierno del PP muy cercanas a las recetas socialdemócratas de toda la vida: más impuestos, deducciones finalistas, proteccionismo con los pensionistas, y cantos a la solidaridad (forzosa) y a transitoriedad de un régimen especial (por cierto, estas alusiones a las situaciones de emergencia suelen ser invocadas en la antelas de numerosas dictaduras). ¿Qué podemos hacer ante ello? Pues ante las agresiones de tal calibre, al menos no ayudar a perseguir a aquellos que se autodefienden. Por mi parte, desde el 30 de diciembre de 2011 me niego a condenar públicamente a aquellos que apuestan por la contraeconomía (salvo que lo hagan amparados por el Poder). Pero, ¿qué es la contraeconomía?

La contraeconomía es la suma de toda acción humana no agresiva, que esté prohibida por el Estado. Lo contraeconómico es el estudio y práctica de la contraeconomía. La contraeconomía incluye el mercado libre, el mercado “negro”, la “economía subterránea”, todos los actos de desobediencia civil y social, todos los actos de asociación prohibida (sexual, racial, interreligiosa), y cualquier otra cosa que el Estado, en cualquier tiempo y lugar, opta por prohibir, controlar, regular, gravar o tarifar. La contraeconomía excluye toda acción aprobada por el Estado (mercado “blanco”) y el mercado “rojo” (violencia y robo no aprobados por el Estado).

Konkin

Konkin es el padre del agorismo, un anarcocapitalismo extremo, y dentro del cual, el concepto de la contraeconomía ese esencial. Su pensamiento queda plasmado en el New Libertarian Manifesto (pdf), publicado en 1980 y que, para que os hagais una idea, le pareció excesivo hasta a Rothbard. Os recomiendo su lectura, a pesar de que entienda que, en esta sociedad nuestra, la española, si le liberalismo es considerado perverso, el agorismo ha de sonar a a satanismo económico. Claro que cabe otra opción, otro propósito de año nuevo, quizás menos indigesto que empapaparse de une ensayo y es recurrir a la novela.

Schulman, un discípulo de Konkin, escribió en 1979 Alongside Night, una distopia que a más de uno puede resultar evocadora y que podéis descargar aquí. En Presurista le han dedicado una entrada que comienza con esta sinopsis de la obra:

La trama se desarrolla en un futuro no lejano en Estados Unidos, donde un gobierno federal agotado por la falta de dinero que carece de valor, con una gran crisis inflacionaria, domina a través del Estado a los ciudadanos. Cada vez en mayor medida, estos ciudadanos van perdiendo sus hogares y las filas de desocupados van llenando las calles de las ciudades. Muchas empresas van cayendo en quiebra y desaparecen, con lo cual proliferan los contrabandistas, que hacen uso de la tecnología para lograr que las nuevas empresas más intrépidas, no puedan ser detenidas por el control totalitario del Estado.

El protagonista es Elliot Vreeland, hijo de un economista premiado por el gobierno, que dentro de este marco tan asolador se une a un grupo de mercenarios agoristas, que se dedican a defender como unas nuevas sociedades de protección privada, a las empresas y ciudadanos que practican la contraeconomía. Ese es el modo práctico que usa esta organización agorista para llevar a cabo la revolución y tumbar el gobierno totalitario del Estado en la novela de N. Schulman. Conforme se va desestabilizando la situación, el Estado aumenta el control sobre los medios de comunicación, los impuestos, la burocracia, el comercio y todos los sectores donde alcanzan sus tentáculos. Al final se colapsa el sistema, con lo que el Estado desaparece y el sector privado introduce una nueva infraestructura, basada en el mercado libre a partir del inicio de la contraeconomía.

Como digo, uno de mis propósitos de año nuevo es disfrutar con esta novela. El otro, de más largo recorrido es no condenar a aquellos que practican la contraeconomía, en la medida en que colaboran con desmontar un sistema, un Estado que se resiste a morir y que prefiere sacrificar a sus ciudadanos, Saturno devorando a sus hijos. Un Estado donde castas de privilegiados hablan de solidaridad, de temporalidad, de situaciones extraordinarias como coartadas de sus practicas. Y ya no hablo sólo de los brahmanes políticos, me refiero también a aquellos subsidiados permanentes que aplauden con las orejas este maná que aquellos roban de los bolsillos ajenos y con los que compran su silencio y su voto. Frente a esto, lo siento, pero que no cuenten con que el que suscribe vaya a apoyar la persecución de aquellos que no colaboren en el sostenimiento financiero de este engranaje. para eso ya tienen a los voceros habituales en los medios tradicionales, esos que reclaman parte del botín.

Enlazando con el video de presentación, únicamente decirle a Mariano que no es que nos fuésemos , es que nunca estuvimos contigo. Algunos jamás fuimos engañados.

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