Gordon Brown

Nadie sabe si las medidas de estímulo tendrán efecto. Y ésto, que puede resultar tan extraño, lo afirman desde Gordon Brown y Alistar Darling en el Reino Unido, hasta Larry Summers y Tim Geirthner en los Estados Unidos. No es tarea fácil dado que la situación cambia en todo momento. El terreno es completamente desconocido y cada día se abren nuevas grietas. La propuestas de vender el plan de rescate se hacen en un ambiente cada día más hostil. Y el factor tiempo es crucial. Ya cayó el gobierno de Islandia. Alguien comentó que la situación de este país sería un buen índice de la crisis.

La recuperación será más lenta de lo esperado y la perspectiva de los rescates bancarios a cargo de los gobiernos ampliará más los ya elevados niveles de endeudamiento de algunos países. Pero los ministros ahora pronuncian la frase que popularizó Margaret Thatcher en 1979 “no hay alternativa” para declarar que no había otro camino comparable a la promesa de prosperidad, crecimiento y estabilidad que prometía el modelo del libre mercado. Ahora, por cierto, de verdad que no hay otra alternativa y todos los gobiernos del mundo deben salir a socorrer al mercado en este delicado y doloroso momento.

En Estados Unidos, la reducción del tamaño de Detroit comienza a manifestarse una vez que el presidente Obama ha advertido que quiere vehículos más pequeños y menos contaminantes; así como también una menor dependencia del petróleo. Clara señal del futuro restrictivo que viene donde también el tema de Wall Street se verá reducido y la desregulada complejidad financiera que permitió apalancamientos excesivos a bancos como Citigroup y Lehman Brothers, y maniobras delictivas de personajes que se hallaban en la cúspide social, como Bernard Madoff, verán cerrar sus espacios.

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