Mientras se expande la presión de Estados Unidos sobre la moneda china, el Banco Mundial ha elevado su pronóstico de crecimiento para el gigante asiático, del 8,5 por ciento al 9,5 por ciento, dando cuenta del vigoroso aumento en las exportaciones, del fuerte crecimiento en el sector inmobiliario y del sólido aumento del gasto interno.
La presión de Estados Unidos sobre China se ejerce a todo nivel, desde las columnas de Paul Krugman, hasta las discusiones en el Congreso, que anoche buscaban los mecanismos para romper con la paridad dólar-yuan impuesta por el gobierno chino a principios del año pasado, mediante la aplicación de fuertes aranceles. Términos como “Creo que los chinos no creen en el libre comercio y sólo quieren adquirir poder económico” (senador Charles E. Schumer); hasta “Es deshonesto que los chinos no dejen flotar su moneda; debemos corregir esto porque muchos estadounidenses se encuentran sin trabajo” (representante Tim Ryan) están saliendo a flote en lo que puede convertirse en una guerra comercial. Más aún cuando Wen Jiabao afirmó el domingo que no cree que el yuan esté infravalorado, retrocediendo a la idea lanzada anteriormente de revaluar el renmibi. Por ahora, China seguirá creciendo fuerte de acuerdo a lo que constata el Banco Mundial, pero deberá tomar medidas para mitigar los riesgos de una burbuja inmobiliaria y evitar presiones sobre las finanzas del gobierno local.
El crecimiento de este año dependerá menos de los gastos de estímulo que realizó el gobierno el año pasado, que fue uno de los motores principales que ayudaron a impulsar el crecimiento al 8,7 por ciento en 2009. Este año, China continuará reforzando su economía a través de la inversión que dirige el gobierno, pero en una escala mucho menor. Dado que la confianza del consumidor chino sigue siendo fuerte, el consumo interno seguirá siendo robusto con lo que se espera un mercado laboral favorable.
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