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La guerra del capital

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El 18 de julio será recordado en España como el del inicio de nuestra última guerra civil. El 19, como el de la primera invasión musulmana o el de la batalla de Bailen. Pues bien, hoy 20 de julio podrá ser conmemorado como el del inicio de la guerra del capital, de la guerra del capital bancario se entiende. Y es que, como hemos dado cuenta en El Blog Salmón hoy comenzaban a cotizar los primeros bancos nacidos de las cajas de ahorros. Y aunque la guerra lleva librándose ya bastantes días, la fecha oficial será sin duda la de hoy, eclipsando el debut de Caixabank que fue mucho menos dramático.

Venimos de una guerra del pasivo en las entidades financieras, especialmente de aquellas que no podían emitir acciones, cuyo ejemplo más notorio era el de las cajas. Si somos más precisos, diríamos que dicha guerra era una guerra por el pasivo exigible (o algo menos, veanse las participaciones preferentes), y este conflicto ha tenido unos efectos determinados a la hora de configurar las relaciones entre entidades financieras y clientes. Pues bien, la guerra del capital, la guerra por el pasivo no exigible puro y duro, por los fondos propios, por los accionistas, sin duda que los tendrá, a corto y a medio.

A corto plazo es público y notorio que las redes comerciales de las entidades financieras han estado volcadas en la captación de potenciales inversores. La presión sobre dicha estructura comercial ha debido y debe ser muy fuerte, ya que es evidente que el peso, a diferencia de otras operaciones similares, se ha volcado sobre el tramo minorista (los motivos son fáciles de imaginar). Y el tramo minorista, en estas primeras operaciones parece haber respondido, de un modo tímido, pero ha respondido. ¿Cómo?, ¿cómo han logrado captar mandatos entre una clientela que hasta antes de ayer estaba volcada en la comercialización de plazos fijos a pérdida?

Sin duda se habrá prospectado entre clientes con perfil bursátil, sin duda.Pero quizás, y es tan solo un quizás, se ha tirado de aquellos clientes que solicitaban una financiación de un determinado importe, o que precisaban liquidar por anticipado un deposito y pretendían ser eximidos de una comisión por cancelación anticipada, o…supongo que se me entiende perfectamente. Llamémosle cadena de favores, venta cruzada o negociación integral. Do ut des. Claro que este tipo de accionistas tienen un problema, y es que una vez han conseguido lo que quieren suelen vender los títulos.

Y aqui viene la segunda parte, el segundo objetivo. Ya no sólo se trata de captar esos recursos, se trata de mantener el valor de cotización en unos rangos determinados, de lo contrario de poco habrá servido toda esta martingala. Así que me aventuro a apostar que muchas entidades desarrollaran estrategias de fidelización del accionista, que supongo serán novedosas e irán más allá del dividendo, puro o en acciones. Me refiero a la consideración del accionista como un plus a la hora de obtener un descuento en las sucesivas revisiones del tipo de las hipotecas, o de la exención de comisiones, o la creación de productos mixtos que repartan la inversión de los clientes entre plazos fijos y acciones del propio emisor.

Estamos viviendo tiempos interesantes. Unos declarando la guerra al capital y otros la guerra por él.

Más información | Inversión, especulación…y cosas mías
En El Blog Salmón | 12 entidades necesitan recapitalizarse en 15.150 millones, según el Banco de España
Imagen | balticbooty

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