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Mercados caen como castillo de naipes por desaceleración y estancamiento global
Mercados Financieros

Mercados caen como castillo de naipes por desaceleración y estancamiento global

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El peor inicio de año para las bolsas de todo el mundo no hace más que dar cuenta de los duros desafíos económicos que estarán presentes en este 2016, de volatilidades y turbulencias que tienen a los mercados en modo pánico. El año comenzó con el desplome bursátil en China y fue seguido por Japón, Korea del Sur, Hong Kong, Europa, Estados Unidos y América Latina. El estornudo de la bolsa de Shanghai contagió al resto del mundo demostrando que el nerviosismo de los mercados está para quedarse. Esta nueva fase de la crisis iniciada a mediados del año pasado con el desplome de China se intensifica. Lo que estamos viendo es la implosión de todas las burbujas que se hincharon como parte de los excesos financieros sin precedente en el período de la euforia y el descontrol. A medida que los riesgos han comenzado a hacerse visibles y que el estancamiento se consolida, el pánico se apodera de los mercados.

Este esquema básico a lo Dorian Gray que parecía ofrecer la eterna juventud, es el responsable de la euforia permanente que hinchaba burbujas y elevaba el valor de los activos. La nueva realidad deflacionaria instalada en 2015 está poniendo en suspenso los pilares fundacionales del modelo capitalista. El nerviosismo reseñado en marzo del año pasado en ¿Qué encenderá la chispa de la próxima crisis financiera?, se ha acrecentado con la irrupción de potenciales aristas de choque: desde las acciones del Estado Islámico a las de Arabia Saudita, pasando por el desplome de las materias primas, la desaceleración China o el hundimiento del petróleo.

El lunes negro de ayer hundió a la Bolsa de Shanghai en un 7 por ciento y se propagó como un reguero de pólvora por el resto del planeta demostrando que se viven momentos de miedo y fragilidad. La economía sigue entrampada en la resaca post crisis y los planes de ayuda solo han aliviado al sistema financiero, precisamente el corazón del problema. Esta fanfarria ha ocultado que la economía aún no logra levantarse del shock sufrido en 2008 tras las décadas de consumo y derroche iniciadas a fines de los 80. Una fiesta que terminó con la paradoja de tener tasas de interés por el suelo y al mismo tiempo caídas en picada de las tasas de inversión. Hoy nadie invierte porque la deflación es el futuro y tanto la caída de la demanda como el desplome de los precios no son más que el reflejo de la caída generalizada del consumo.

Sólo un guiño para los mercados

De ahí que el giro de la Reserva federal al elevar las tasas de interés después de casi una década sea un arma de doble filo. La euforia de este incremento anunciado por Janet Yellen en diciembre, no alcanzó a durar dos horas. Los mercados bursátiles, que vienen a la baja desde que China confirmó la burbuja, en agosto del año pasado, hicieron un leve guiño al alza para luego continuar con las caídas. Las bolsas cerraron en 2015 su peor año desde 2008. El Ibex 35 perdió 7,5 por ciento.

Lo de Janet Yellen no fue más que un saludo a la bandera para calmar a los mercados y cumplir el tan anunciado “cambio de tendencia” tras ocho años de tasas al cero por ciento. Si bien los datos de empleo y crecimiento del PIB podrían justificar esa decisión, hay un indicador que es más relevante para las perspectivas de largo plazo en Estados Unidos y es la productividad.

La productividad en Estados Unidos sigue siendo persistentemente débil y en los últimos cinco años el crecimiento de la productividad ha promediado apenas 0.6 por ciento. Más aún, el pronóstico de consenso sugiere más de lo mismo en los próximos 12 meses. Esto está muy lejos del promedio en la productividad desde los tiempos de la posguerra que se empinaba en 2,4 por ciento. La productividad de los últimos cinco años es apenas la cuarta parte de la media de las cinco décadas anteriores.

Esta nueva normalidad a la baja resulta muy alarmante para una población que envejece y comienza a ver que el nivel de vida no es mejor que el de sus padres. Este es el verdadero giro de la crisis: las generaciones futuras tendrán un nivel de vida peor al de las generaciones pasadas. Es la consecuencia más clara y brutal del prolongado estancamiento económico que ha desencadenado la crisis de 2008 como una de sus principales derivadas. Y eso que aún estamos en plena crisis y sin ver aún la luz al final del túnel. ¿Se imagina a donde podemos llegar con un par de décadas más de estancamiento?

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