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Se cumple un año de la reforma laboral aprobada por el Gobierno de Rajoy y nos toca hacer balance sobre cómo ha evolucionado el mercado laboral español en los últimos doce meses. De entrada, me reafirmo en mi artículo de hace unas semanas en el que expliqué por qué la reforma laboral no había servido para nada.

Sin embargo, considero oportuno aportar algunos datos objetivos que nos permitan entender la nefasta decisión de nuestro Gobierno dando vía libre a una reforma laboral que como complemento vitamínico para nuestro particular mercado laboral iba a resultar un estrepitoso fracaso, y así ha sido.

Si nos ceñimos a los datos podemos comprobar como a lo largo del último año se han producido los siguiente hechos destacables en nuestro mercado laboral:

  • La tasa de paro ha aumentado un 13,2 %.
  • 850.500 empleos destruidos según la EPA.
  • Los expedientes de regulación de empleo han aumentado un 66,2 % (datos de noviembre de 2012, los últimos publicados).
  • El despido por causas objetivas se ha incrementado un 49 %.
  • La pérdida de poder adquisitivo por parte de la población es más que notable.
  • No se ha puesto freno a la temporalidad.

La hecatombe del empleo

Pese a ello, hemos de tener en cuenta que si bien la reforma laboral ha tenido gran parte de culpa en esta situación, no es la única responsable de estos datos tan desoladores. De hecho, incluso podríamos creer que el Gobierno ya contaba con que se diesen estos resultados tan catastróficos. No debemos olvidar que en el trasfondo de la reforma laboral encontrábamos el deseo de ofrecer a las empresas instrumentos que les ayudasen a flexibilizar las condiciones laborales de los empleados.

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Pese a ello, mucho me temo que la destrucción de empleo ha sido excesiva y encontrar una explicación a ello es bastante complicado. Es posible que las empresas españolas hubiesen vivido su particular burbuja de crecimiento, lo cual tal vez las llevó a un ineficiente sobredimensionamiento propiciado por el fácil y barato acceso al crédito durante los anteriores años de bonanza.

En ese sentido, la reforma laboral ha permitido que empresas que no podían permitirse despedir a trabajadores con 45 días de indemnización por año trabajado, sí lo hayan hecho tras la reducción de dicha indemnización a tan sólo 20 días. Queda por ver si a largo plazo estas mismas empresas, una vez normalizadas en tamaño, tendrán incentivos para volver a contratar personas y de esta forma generar empleo.

Una oportunidad perdida para fomentar la contratación

Siendo sinceros, lo cierto es que a día de hoy el futuro se muestra desalentador. La devaluación salarial sufrida y el empobrecimiento casi generalizado de la población están lastrando el consumo, lo que difícilmente propiciará un incremento de la inversión empresarial a corto o medio plazo.

A mi juicio, sigo pensando que tenemos un problema grave de competitividad (debido en gran medida a los malos hábitos laborales fomentados por las empresas durante años) y considero que devaluar salarios no era necesario porque estos no son altos en comparación con los de nuestros vecinos europeos, más bien habría que haber abaratado la contratación. ¿No sería este el camino lógico a la creación de empleo? Por mi parte, no conozco a nadie capaz de acelerar a la vez que pisa el freno.

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Mención aparte merece el hecho de que en España tenemos un grave problema debido a los excesivos tipos de contratos que existen y que lo único que consiguen es fomentar la temporalidad en el empleo. Como vemos en la tabla extraída de la web de la UGT que tenemos más arriba, a fecha de enero de 2013 en España había apenas un millón de contratos indefinidos por casi trece millones de contratos temporales.

Esta aberración al sentido común sólo podría solucionarse con la existencia de un contrato único en el que trabajador y empresario pactasen las condiciones de la relación contractual y en el que la indemnización por despido fuese creciente en función del número de años trabajado, postura totalmente contraria a la del Gobierno, que en lugar de ello quiere sacarse nuevos contratos de la manga.

Conclusiones

El fracaso de la reforma laboral se confirmará cuando se haga evidente que la economía española no tiene incentivos para generar empleo. Cuando nos demos cuenta de ello, el desempleo ya se habrá enquistado en el sistema y representará un problema estructural de difícil solución.

Como ya he señalado en más de una ocasión, el futuro que le vamos a dejar en herencia a nuestros hijos es negro. A ellos les tocará pagar la factura de unas políticas de empleo tan desconcertantemente nefastas.

En El Blog Salmón | La reforma laboral no es agresiva, sino descafeinada, La reforma laboral permite bajar salarios con facilidad, Esta reforma laboral no merece una huelga, merece un cierre patronal
Imagen | Jardín Polar

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