
Cuando contratas a una persona por un periodo de cuatro años y le das un solo objetivo que deben cumplir, si no lo consiguen en esos cuatro años, ¿deberían ser renovados?
Esta es la pregunta que los varios gobiernos que deciden tendrán que hacerse, ahora que Pascal Lamy, director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), ha anunciado que quiere que le renueven en mayo del año que viene, cuando se cumpla su mandato de cuatro años.
El único objetivo que tenía Sr. Lamy desde que tomó su cargo era completar las negociaciones de la ronda de negociaciones del comercio internacional de la OMC que comenzó en Doha, Qatar, en 2001 (la Ronda de Doha) y que ya estaba en negociación durante tres años cuando Sr. Lamy tomó las riendas de la OMC.
Casi siete años y con muchas suspensiones y reanudaciones más tarde, aquí estamos todavía sin Ronda completada y sin concesiones creíbles encima de la mesa.
Esta falta de concesiones creíbles es especialmente notable de lo que viene de los países ricos que buscan ofrecer lo mínimo a los países en desarrollo con el objetivo e que estos abran sus mercados a productos y servicios de los ricos.
No sorprende que los países en desarrollo estén molestos y hacen bien en no ceder a los chantajes de los ricos.
Me parece que, con su mandato de cuatro años, el Sr. Lamy ha tenido su oportunidad y debemos encontrarnos a alguien nuevo para probar su suerte.
El comisionado de comercio de la Unión Europea, Peter Mandelson, acaba de marcharse a un puesto en el gobierno británico, dejando ese cargo libre.
A ver si nuevas caras nos traen también nuevas ideas para que los países ricos se convenzan que un sistema de comercio internacional libre y sin manipulaciones es bueno para todos, incluyendo para ellos.
Vía | Europa Press, Reuters y AFP
En El Blog Salmón | Reactivan las negociaciones de libre comercio y Los países menos desarrollados se están cansando
Más información | Nota de Prensa de la OMC
Comentarios
Estimado Onésimo:
¿Será tan ingenua la OMC cómo para creer que es posible convencerse a sí misma, y en especial a los países ricos, sobre la necesidad de algo en lo que no creen o simplemente creen que no les conviene?
Los seres humanos nos caracterizamos por criticar y deshacernos de aquellos soñadores que se juegan enteros por causas que parecen imposibles y por elogiar y respaldar a aquellos conservadores que justifican en forma convincente su falta de intento o su fracaso.
¿Esas nuevas caras y esas nuevas ideas para que los países ricos se convenzan que un sistema de comercio internacional libre y sin manipulaciones es bueno para todos, incluyendo para ellos, no deberían venir precisamente de uno de los muchos países pobres?
Si algo sobreabunda en las múltiples ONG de los países pobres son caras nuevas y espíritus brillantes, pletóricos de nuevas ideas, que se sentirían honrados de asumir el importante trabajo del señor Pascal Lamy sin cobrar un euro más allá de sus horas efectivas de trabajo y sus horas y gastos de viaje.
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