Subvencionando el cine español, ¿para qué?

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Las subvenciones al cine español nunca han estado exentas de polémica ya que la legislatura que las rige pueden dar lugar a situaciones de fraude sin excesivas dificultades. Hoy en día, producir una película y subvencionarla no es tarea difícil. A grosso modo, basta con comprar un guión, solicitar las subvenciones, pedir un crédito al ICO, vender los derechos de emisión a cualquier canal televisivo, emitirla en cines y acudir al Ministerio de Cultura con el justificante de estreno y el número de entradas vendidas a cobrar las subvenciones.

Las ayudas a la amortización de largometrajes son las más conocidas y las que más polémica generan. Tienen dos modalidades:

  • Ayuda general: se establece aplicando un porcentaje sobre la recaudación bruta en taquilla que obtenga la película en los cines durante los doce primeros meses de exhibición. Esta ayuda puede ir desde unos 34.000 euros por 35.000 espectadores hasta un máximo de 800.000 euros por una taquilla de aproximadamente medio millón de personas.

  • Ayuda complementaria: depende de la inversión del productor siempre que se supere una recaudación mínima. Su cálculo es bastante más complejo y establece una inversión mínima en función de la recaudación en taquilla.

Este sistema es irrisorio ya que cualquier productor con dos dedos de frente que vea que su película no está teniendo el éxito recaudatorio esperado podría comprar la taquilla que falta para llegar al mínimo, lo cual sería una operación totalmente legal, para poder cobrar la subvención. ¿Cuántas veces se habrá hecho?

Sin embargo, esta no es la única vía de financiación del cine español. También nos encontramos con subvenciones para la elaboración del guión, subvenciones para producir la película antes de que comience el rodaje o subvenciones para que los artistas puedan asistir a festivales internacionales.

Este último tipo de subvenciones puede dar lugar a situaciones esperpénticas, como el caso del documental “Cuchillo de Palo”, que sólo fue vista por 62 espectadores en el festival de Berlín pero aún así recibió una subvención de 34.000 euros para poder acudir al mismo.

En estas circunstancias, crear un producto de baja calidad puede llegar a ser muy rentable, sobre todo si contamos con proveedores capaces de inflarnos las facturas sin que nadie se entere. Cuando la calidad de la producción queda en entredicho y el resultado en taquilla termina siendo un fiasco es cuando aparece la palabra “piratería” y todos nos llevamos las manos a la cabeza.

Y entonces me pregunto, ¿realmente son necesarias las subvenciones al cine español? ¿Qué ocurriría si desapareciesen? Obviamente la cultura no desaparecería con ellas. La prueba de ello es que los blogs no están subvencionados y, sin embargo, pueden llegar a generar más cultura que un documental subvencionado. ¿Estás de acuerdo conmigo?

En El Blog Salmón | Alternativas ante el fracaso del modelo de negocio de la industria cultural española
Imagen | Edgar Zúñiga

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