La utilización de aceites no aptos para el consumo humano en la preparación de piensos para animales ha sumido al sector agropecuario alemán en un caos. Actualmente el gobierno alemán ha procedido al cierre de más de 4.700 granjas avícolas y porcinas al prohibirse la comercialización de sus productos hasta que finalicen todos los análisis del sector, generando unas pérdidas estimadas en las granjas entre 40 y 60 millones de euros semanales.
Por su parte, Corea de sur y Eslovaquia han suspendido las importaciones desde Alemania, aunque no todos los países han tenido la misma suerte, dado que Holanda o Inglaterra por ejemplo, ya han comercializado y consumido productos contaminados por dioxinas casi con toda probabilidad.



