
Cuando Deutsche Bank señaló la semana pasada que la crisis financiera podría enviar a muchos bancos europeos a la quiebra, no se refería a los pequeños bancos de la periferia, sino a los grandes bancos del núcleo. Esto ha quedado demostrado en las últimas jornadas con la demolición controlada de las acciones de los principales bancos europeos, especialmente los bancos franceses.
De nada ha servido que Societe Generale anunciara despidos masivos y venta de activos por 4.000 millones de euros. La espiral descendente impulsada por los temores a la inminente bancarrota griega ha impulsado a la baja las acciones de los bancos franceses, los más expuestos a una quiebra de Grecia. Estos bancos tienen más de 57.000 millones de euros en deuda griega y de ahí el pánico en el mercado, cuyos inversionistas luchan por vender todo lo que tienen antes que sea demasiado tarde y lo pierdan todo.






