Hace un mes dedicaba, dentro de mi tour alrededor de las herramientas habituales de fraude fiscal, blanqueo y evasión de capitales, una entrada al mundo del arte. Alguno se podría sentir indignado. Ya está IC manchando este maravilloso mundo espiritual con el sucio dinero. Pues almas sensibles, el mundo es así, no lo he inventado yo. Y es tan curiosa nuestra sociedad, que tal que si fuese un medicamento homeopático, la Justicia, el Poder Judicial, que sería la ultima ratio a la hora de perseguir estas conductas, puede convertirse en ocasiones en la mejor de sus coartadas. Las sentencias como medio de blanqueo, tiene su gracia.
A estas alturas de la serie, quien no tenía ni dea ya es consciente de que todo esto va, como si fuese un truco de magia, de usar un señuelo, una coartada, un negocio ficticio, que encubre el trasiego del dinero, el flujo del mismo, enmascarando la naturaleza de las autenticas relaciones jurídicas y comerciales. Nada es lo que parece. Y puestos a buscar coberturas que mejor que un documento público, que una sentencia. Un excelente pasaporte para transitar por la ilegalidad.

En el siglo