
Hemos hablado varias veces en estas páginas sobre las marcas y su valor para las empresas. Crear y crecer una marca cuesta mucho dinero y tiempo y, cuando se consigue, las más grandes y conocidas tienen un valor billonario.
Este valor se basa en el hecho de que, cuando se han establecido en las mentes de los consumidores, generan un flujo de ingresos continuado en el futuro y, suponiendo que siguen invirtien en su desarrollo, extenderán este flujo de ingresos futuros durante mucho tiempo. Con esto, se fijan valores de las marcas y, cuando se venden, generan unos retornos muy importantes sobre la inversión en las marcas.




Hace una semana asistí a una reunión informal entre bloggers, la dirección en España de Palm y su agencia de comunicación. La idea de la reunión por parte de Palm era tener información de primera mano sobre como una serie de especialistas veían la evolución de Palm en los últimos años, escuchando nuestras impresiones y valorando esos puntos de vista. ¿El problema? Que pese a ir llevando la reunión según el libro de ruta que habían preparado, el nombre del iPhone saltó en seguida a la palestra. Y quizá, visto la evolución de Palm y pese a sus intentos por evitarlo, el problema que tiene de verdad es de gestión de su marca, más cuando tiene un número de usuarios fieles.
Las marcas españolas no son globales, a lo sumo internacionales, con la excepción de Zara. Las principales marcas españolas son Zara, Mango, Seat, Camper, Iberia, Santander y el Real Madrid. Pero si nos centramos en los principales mercados del mundo (Francia, Alemania, EEUU, México, Rusia, Australia, Japón, Italia, Brasil, Reino Unido Canadá y China) vemos que pocas marcas españolas tienen presencia en todos ellos, siendo Zara la excepción. O al menos es lo que un estudio de Interbrand y el Foro de Marcas Renombradas Españolas, afirma.