Las razones para no hacer un MBA son menos esgrimidas que las razones para hacerlo. No suele ser habitual que encontremos gente que recomienda no hacer un MBA, en contra de aquellos que afirman que debemos hacerlo porque es un paso imprescindible para nuestra carrera profesional. Pero ¿y si hacer un MBA fuera una mala idea? ¿Y si también hubiera una burbuja educativa?
En GurusBlog, un autor con MBA comenta un dato arrasador, McKinsey y similares contratan a alrededor de 5.000 y 10.000 MBAs al año en todo el mundo, mientras que existen unos 200.000 graduados de MBA al año. Es decir, la posibilidad de obtener un trabajo en una empresa que para cietos puestos sólo entrevista MBAs es entre el 2,5 y el 5%. Claramente no es muy alta.
Como en esas películas de suspenso donde al final de una larga jornada el protagonista encuentra el detonador de la bomba y debe escoger entre cortar el cable rojo o el cable blanco, la crisis financiera ha llegado a ese momento decisivo en el cual hay que saber qué cable cortar para que la bomba no explote en las manos. Los anuncios de Wolfgang Schäuble de recortar la deuda griega en al menos un 50%, y con cargo a la banca y no a los gobiernos, han alterado a los mercados con sus acostumbrados espasmos de volatilidad. A su vez, las agencias de calificación no han trepidado en castigar nuevamente a la deuda española e italiana. Moody’s bajó anoche en dos escalones la calidad de la deuda de España, y Fitch castigó duramente a 20 bancos italianos, tal como advertimos en este post.
La situación va de mal en peor y aunque Francia declara que defenderá su triple A, las agencias de calificación ya tienen a sus bancos y a su gobierno en la mira con un calendario que cumplen con rigurosa precisión. Con eso consiguen trasladar las decisiones al campo de su interés, en el cual privilegian la banca de Estados Unidos. ¿Actúan con el mismo rigor estas agencias frente a un país que tiene una deuda superior al PIB y a su banca seriamente comprometida con los activos tóxicos?
Si preguntamos por una fábula vinculada al comportamiento económico casi todo el mundo respondería con la de La cigarra y la hormiga. A estas alturas no hace falta explicar lo que representa cada una. Así que, tras los lobos que nos ha mostrado Remo, dediquemos un poco de atención a la simpática cigarra.
Uno debe tener la mente sucia, muy sucia, ya que ve referencias a lo financiero, a la crisis, a…en cualquier lugar. Hasta en los haikus, esa forma lírica japonesa tan en boga ultimamente, y que usaba kirai en su blog para hablar de las hormigas. Pues bien, hay algún haiku de éstos, del siglo XVIII, que no se lo salta un magufo nostramudiano, especialmente si ha tenido la mala suerte de toparse con un artículo de Krugman.
¿Sorprendido de las incesantes caídas bursátiles, del estancamiento generalizado que vive la economía mundial, de la falta de empleo o del nerviosismo global? Pues bien, ármese de paciencia porque esta crisis no tiene salida, tal como explicamos en El tsunami de tinta roja y la deuda indevolvible. El problema no es la economía, ni el empleo ni el crecimiento. El problema es la existencia de un sistema financiero fraudulento que ha tomado de rehén al mundo entero. Y mientras este nudo gordiano no se corte de manera definitiva, la economía seguirá tambaleante y sin rumbo. John Austhers, el editor económico de Financial Times, nos entrega uno de los más lúcidos análisis sobre el estado de la economía actual, que resume en estas tres gráficas.
La primera gráfica muestra la situación del sistema financiero, medido por la proporción entre las acciones bancarias y los índices bursátiles generales. John Authers sobrepone inteligentemente el gráfico de los últimos 20 meses (linea roja), con el de los 20 meses que precedieron a la caída de Lehman, en octubre del 2008 (linea azul). Se observa que las acciones bancarias han caído este último tiempo en forma similar a la caída registrada en el período 2007-2008. En otras palabras, la situación es hoy tan precaria como lo era antes de la quiebra de Lehman Brothers.
Tras la sesión de investidura del alcalde madrileño, Alberto Ruiz Gallardón, la primera Junta de Gobierno de la nueva legislatura ha comenzado con fuerza en lo que a fiscalidad se refiere, en concreto sobre la figura del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), popularmente conocido como ‘la contribución’. Determinándose una subida del 5,7% anual a partir del próximo año y durante los diez siguientes, de tal modo que en términos medios, los madrileños verán incrementada la ‘factura’ de este impuesto en un 74% para el año 2021.
Esta medida acrecentará aún más la presión fiscal que el Ayuntamiendo de la capital de España ejerce sobre los madrileños tras el no muy lejano establecimiento de otro tributo local, como es la Tasa de basuras, disminuyendo aún más la renta disponible a un ciudadano que cada vez está para menos sorpresas.
Hace tan solo unas semanas asistimos a la espectacular acogida que realizaron los mercados a los títulos de la compañía Linkedin, incrementando su valor bursátil en casi un 50% en tan solo una jornada, confirmando el gran potencial financiero y la capacidad de crecimiento que tienen las empresas de internet.
Mañana asistiremos a una nueva salida a bolsa, la de la empresa Pandora, proveedora de servicios de radio por internet, y que los analistas esperan que tengan una acogida parecida a la de la red social para profesionales Linkedin. En el caso de Pandora, el mercado ya ha descontado la buena acogida del paquete de 14,7 millones de títulos que se colocarán en el mercado, puesto que finalmente el precio de salida serán 16 dólares, una cifra mucho mayor que la horquilla de entre 7 y 9 dólares inicialmente prevista.
Aprovechando la buena salida a bolsa de Linkedin, Groupon se está preparando para cotizar. El motivo parece ser que es una empresa con muy buen nombre, que hace poco era cortejada por Google, pero que internamente es una máquina de perder dinero.
El año pasado 413 millones de dólares, y lo que se aportó en la última ronda de financiación (946 millones de dólares) se fueron básicamente a pagar a los empleados (tiene 7.100) y a los primeros accionistas. Unas cifras que no pintan nada bien, aunque suena jugoso tener 83,1 millones de abonados que de vez en cuando consumen sus ofertas.
Acaba de presentarse este video del joven artista gráfico Aleix Saló que no puedo dejar de compartir con los lectores. El video se titula Españistán, y muestra de manera simple y directa el auge y caída de la economía española a partir de la burbuja inmobiliaria y el gran sueño de la casa propia que redujo el desempleo, expandió la economía y, gracias al euro, facilitó el crédito financiero a raudales de una manera que hacía mirar las décadas anteriores como prehistóricas. Los bancos, con gran generosidad, ayudaron a la gente a disponer de recursos no sólo para la casa propia, sino también para la compra del automóvil y para las necesarias vacaciones en cualquier lugar del mundo.
Como a lo largo de 70 años los precios inmobiliarios habían ido siempre al alza (pese al celo de las políticas monetarias anti-inflacionarias que cuidaban todo movimiento de los precios), se pensaba que los precios de la vivienda seguirán siempre en ascenso. Por eso era conveniente comprar hoy, dado que mañana el precio sería mayor. Al incrementar la demanda, los precios seguían aumentando y eso llevó a que en España se construyeran más viviendas que Alemania, Francia e Italia juntas. Nadie escuchó las llamadas de alerta y sólo cuando reventó la burbuja en Estados Unidos (producto de su propio boom inmobiliario), arrastró a todo el mundo en la espiral del colapso, azotando fuertemente a la economía española que comenzó el declive que aún dura, con despidos masivos, caída en los precios y el derrumbe general que la tiene al borde de seguir el camino iniciado por Grecia, Irlanda y Portugal.
Los resultados extraordinarios han sido un factor ‘clave’ para las cuentas de resultados de las grandes empresas durante la última década, incrementando de manera notable las cifras récord de beneficios en los años de bonanza y amortiguando los efectos de temporal en los últimos años de recesión, pero parece ser que ya no va ser así de aquí en adelante porque el grifo se ha quedado seco.
Al menos esto es lo que se desprende de la publicación de los resultados trimestrales de muchas compañías de los sectores de la aviación comercial, de la construcción o el financiero. Tal vez estábamos acostumbrados a que los resultados operativos o recurrentes viniesen de la mano de los resultados extraordinarios, pero tal y como su nombre indica, su acaecimiento viene asociado a determinadas situaciones de carácter extraordinario, que la mayoría de las veces se ha encarnado en la venta de activos inmobiliarios con plusvalías.
El agotamiento de estos, también supone un cambio de ciclo en los resultados empresariales en el que cada empresa deberá esforzarse por mostrar lo mejor de sí en sus operaciones corrientes sin poder volver la vista hacia la bendición del ladrillo, no pudiendo esconder la realidad económica tras él. ¿Ha sido el fin de la burbuja inmobiliaria ‘clave’ para apreciar la realidad económica de nuestro tejido empresarial?
La economía de los Estados Unidos aunque muestra algunos síntomas de mejora como el aumento de la contratación laboral y la mejora de la confianza, aún se encuentra ante múltiples desafíos, entre los que destacan el elevado endeudamiento público y un exiguo crecimiento económico, que no termina de confirmar incrementos sostenidos de la producción nacional.
Teniendo presente que estos desafíos son temas muy candentes para la sociedad estadounidense, su presidente, Barack Obama, ante la relativa proximidad de las elecciones generales de 2012, se ha apresurado a animar a las empresas para que decidan aumentar la contratación y la inversión.