Entre nosotros, salvo momentos puntuales como este último fragmento que os acompaño o algún número musical, el Mago de Oz me parece un peñazo. Seguramente lo que ocurre es que no me van las historias de huerfanitas (Annie también me hace bostezar) o que mi umbral de percepción sentimental está muy alto. Sea lo que sea, no me gusta, a pesar de que si que reconozco que cuenta con algo que suele ser la base de una buena novela, de una buena película: la posibilidad de obtener distintas lecturas de las mismas.
Así algunos ven en El Mago de Oz interesantes mensajes sobre el trabajo en equipo o la gestión empresarial en general. Otros creen ver una subliminal defensa del colectivo gay o de determinados movimientos, desde el comunismo a sectas variopintas. Llegado este punto uno empieza a pensar que la gente ve lo que quiere ver. Pero dado que estamos donde estamos, vamos a detenernos por un momento en la teoría más famosa sobre el significado de El mago de Oz, o mejor dicho de la obra literaria de la que es es adaptación, El maravilloso Mago de Oz, de Frank Baum, la que defiende que se trata de una alegoría financiera en defensa del bimetalismo y la expansión monetaria.



