
Lo de jugar a ser banquero mola. Especialmente en tiempos de bonanza económica. Cuando la cosa se pone chunga el asunto cambia un tanto. ¿Queréis un ejemplo? Pues hablemos de las cooperativas agrarias, o mejor dicho de los clientes de las secciones de crédito de las cooperativas agrarias, algunas de las cuales están entrando en concurso de acreedores. Para empezar tenemos a la cooperativa de l´Aldea, una entidad tarraconense donde han quedado atrapadas más de 3.000 personas. ¿Qué hacemos con los inversores de la Sección de Crédito de la Cooperativa de L´Aldea?
P?ara empezar, quizás hay que pensar que la claveno es tanto la crisis como el hecho de plantearse seriamente a qué juegan algunos: ¿qué sentido tiene en una economía hiperbancarizada la existencia de una sección de crédito (abierta a los no socios) en una cooperativa agraria?, ¿son conscientes los clientes de que no es una erntidad financiera, por mucho que algunas se arroguen el nombre de caja de…?, ¿saben que no existe un regulador financie que las controle ni una normativa que las discipline, ni unas garantías mínimas, ni…?

Hace bien poco, hablar de empresa inmobiliaria era hablar de empresa dedicada a la promoción y venta de dichos activos. Las empresas dedicados al negocio patrimonial, al alquiler, eran miradas por encima del hombro. Hoy las cosas estan cambiando. A la fuerza ahorcan, y nos engañemos: como dice un amigo mío, un inversor a largo suele ser un inversor a corto que se ha quedado pillado. Pues bien, muchos de los empresas patrimonialistas de hoy on promotores que se han quedado pillados con sus stocks.
Es un viejo dicho. Y, a pesar de lo de en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, etc…me temo que la sabiduría popular va cargada de razón. Totalmente. Por ejemplo, estoy seguro de que tarde o temprano alguien acabará publicando estadísticas acerca de la relación entre la actual crisis (o desaceleración más rápida de lo previsto en lenguaje solbiano) y losfracasos matrimoniales o de pareja. Cuando el euro te da la espalda, las tensiones se agudizan, los príncipes azules destiñan, y las princesas se convierten en arpías en muchos casos. Somos humanos y es ley de vida. Y es más, la propia gravedad de la crisis puede incluso encubrir dicho deterioro de las relaciones de pareja, pues como es sabido, las separaciones tienen un coste, y aveces es mejor pactar una tregua.