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Cuando Argentina dejó de pagar su deuda hace diez años, el país se convirtió en un paria a los ojos de los banqueros extranjeros y los tenedores de bonos; fue aislado de los mercados financieros internacionales, y vivió una profunda crisis interna. Sin embargo, su economía se recuperó rápidamente y experimentó un rápido crecimiento gracias al impulso de la competitividad que le dio el disponer de una moneda altamente depreciada. Lo mismo fue para Rusia en 1998 y para Ecuador el año 2000. Los impagos de deuda soberana, como se ven en la gráfica, han sido bastante frecuentes en la historia. Esta es una lección que se debe tener en cuenta a la hora de defender que un impago masivo puede ser la mejor opción cuando la única alternativa a la vista, son prolongados e inciertos años de austeridad, desempleo y crisis continua.
Es muy cierto que en el caso de Grecia, este escenario es muy complicado por la inserción de los griegos a la zona euro. Pero, aún así, a Grecia le sale más conveniente retirarse de la zona euro para recuperar la soberanía de su moneda, cortando de una vez el nudo gordiano que la oprime, y aceptar el shock de la devaluación que al menos le permitirá recuperar su soberanía económica, como hemos visto en el valiente documental Deudocracia. Esta moratoria griega puede crear serias hostilidades por parte de algunos socios europeos. Pero mientras más se alargue lo inevitable la crisis puede recrudecer aún más, y la violencia, como muestran estas imágenes de The Big Picture, puede subir de tono. El gran problema es que los grandes acreedores europeos, como lo son los bancos alemanes y los tenedores de bonos, presionan al BCE para que imponga mayor disciplina en los países con mayor incertidumbre.
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