La famosa Harvard Business School (HBS), que durante ya muchos años ha salido bastante alta en las listas de las mejores escuelas de negocios estadounidenses, el año pasado nombró un nuevo Rector, Nitin Nohria, que tomó unos meses para hablar y escuchar con el objetivo de fijar las prioridades para su mandato. Este proceso siguió las siguientes cuatro fases durante sus primeros meses:
- Conversaciones con las distintas partes interesadas, los stakeholders.
- Comunicar sus prioridades basado en estas conversaciones.
- Crear un documento resumiendo todas las ideas para distribución a los stakeholders, incluyendo los profesores y los estudiantes.
- Organizar equipos de profesores para elaborar los objetivos para el futuro.


Las empresas están cada vez más preocupadas de la falta de cultura de los graduados que salen de las universidades con sus nuevos titulitos y exigiendo puestos de responsabilidad y sueldos impresionantes.
Las escuelas de negocios trabajan mucho, invierten mucho y viajan mucho con el objetivo de encontrar los mejores candidatos para integrarles en sus programas de master. Mantienen sus requisitos altos, consideran sólo candidatos entre los primeros 20-25% en resultados académicos, sus procedimientos de ingreso son muy rigurosos y los que consiguen la invitación final suelen ser sólo los mejores de sus promociones. Aunque muchos de estos programas son rigurosos y ayudan a sus estudiantes a desarrollar sus habilidades y a avanzar su futuro, la pregunta siempre me surge si es que estos candidatos de élite realmente necesitan el impulso adicional que les dan estas escuelas para tener éxito en sus carreras profesionales.


