
En estos tiempos de inestabilidad financiera, es esperado que se vean altos movimientos de capital internacional y, como consecuencia natural, que salgan las críticos a los especuladores, incluso en estas páginas. Sin embargo, aunque son acusados de generar sospechas y de sembrar rumores de dificultades, los especuladores no son culpables, no son tan buenos.
No hay que ser genio financiero para ver que los números no le están saliendo a Grecia, cómo ya he advertido en estas páginas y que, en situación de inestabilidad financiera, era obvio que su situación económica delicada le pasaría factura, tarde o temprano. Algunos hemos advertido incluso durante el boom que las cuentas públicas de varios países no eran sostenibles, y eso en boom, en crash estaba claro que no era sostenible.




Fueron los movimientos antiglobalización los que recogieron las propuestas dictadas por la Tasa Tobin, convirtiéndola en el símbolo de la lucha contra el libre comercio. Sin embargo, la paradoja radica en ese reconocimiento, que como comentó el propio James Tobin, “el aplauso más sonoro proviene del lado equivocado“. Poniéndonos en situación, recordemos que en 1972, durante un coloquio, este universitario keynesiano, poco después de que la administración Nixon sacará a los Estados Unidos del sistema de Bretton Woods, sugirió un nuevo sistema para la estabilidad internacional de las divisas, imponiendo una penalización a las mismas.

