
Hasta hace no demasiado tiempo, las opciones de inversión pasaban por invertir en valores de forma individual (conformando así la cartera que nosotros deseásemos, pero teniendo que encargarnos de seleccionar y gestionar los valores uno a uno) o bien invertir en un fondo en el que otros hacían la gestión por nosotros con la idea de ofrecernos una determinada realidad.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte han surgido unos instrumentos de inversión diferentes y más flexibles. Se trata de los ETF o fondos cotizados (el acrónimo responde a Exchange Traded Funds). Son productos cuya cotización está formada directamente por una suma ponderada de las cotizaciones de una determinada selección de valores.
