Este fin de semana en la celebración de la cumbre del grupo de los veinte (G-20), formado por los veinte países más industrializados del mundo, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, aseguró que había consultado al flamante empresario y dueño de Microsoft, Bill Gates, sobre la materia de ayuda al desarrollo.
Gates cuenta con una fundación que lleva su nombre para ayudar a distintas organizaciones que operan en países en vías de desarrollo, y en especial en ayuda sanitaria y en lo que respecta a la incidencia del cambio climático en los países más afectados, gestionando un volumen de ayudas de unos 34.000 millones de dólares.
La clausura de la reunión del G20 en Seúl ha destacado por las declaraciones de Obama. El presidente ha remarcado que las monedas de cada país debe reflejar los fundamentos del mercado para garantizar el reparto homogéneo del crecimiento económico. Con esta tesis, ha señalado al yuan como la moneda que se encuentra muy por debajo de su valor, perjudicando al resto de economías y a sus socios comerciales.
Después de este tirón de orejas, la conclusión clara es que la reunión del G20 ha aparcado los problemas de la guerra de divisas hasta el próximo año, a que ningún país ha cedido en sus pretensiones y que no existe una voluntad clara de cambiar las políticas de devaluaciones que se están llevando a cabo. El ajuste monetario tendrá que esperar para la siguiente ocasión dado que la lectura que se busca de niveles de desequilibrio para cada país a partir del 2011 tampoco soluciona nada.
Una jornada de gran volatilidad han tenido las bolsas europeas este viernes. El índice de referencia de la bolsa española llegó a caer más del 2,5% marcando mínimos en 9.891 puntos, para luego superar los 10.200 puntos. ¿El motivo? Las presiones que gravitan ante el eventual impago de Irlanda, cuya falta de liquidez ha impulsado a un alza histórica el rendimiento de sus bonos de deuda sobrena (ver gráfica), llevándolos a cruzar la barrera del 9%, tan cerca como las de Grecia que se ubican en el 10%.
Irlanda se encuentra en el epicentro de la crisis con su problema de deuda soberana y está apunto de pedir auxilio a la UE. El costo de su deuda se ha disparado en medio de las crecientes preocupaciones de que el gobierno irlandés no será capaz de pagar los préstamos solicitados para el rescate a los bancos. La crisis de la deuda de Irlanda se ha debatido en la Cumbre del G-20 de Seúl y los ministros de Finanzas de Francia, Alemania y el Reino Unido estiman que este rescate puede costar hasta 50.000 millones de euros. Esto ha llevado al euro a deslizarse hasta los 1,3601 dólares, su valor más debil desde septiembre.
Aunque en cada cumbre G-20 han habido temas importante que tratar, nunca como ahora la espesura y complejidad de estos había sido tan amplia. Por eso que en las primeras reuniones han surgido divisiones y no hay humo blanco que perfile una salida. Lo único concreto es que la regulación de los flujos de capital se plantea como una necesidad de vital importancia. Tan vital que el propio Nouriel Roubini lo plantea en un artículo publicado hoy en Project Syndicate, en el cual sugiere algunas de las reglas mínimas que deberán tener los flujos especulativos o, más acertadamente, el casino financiero.
Esta libre movilidad de capitales desarrollada teoricamente por Robert Mundell un economista que aún no entiende que tipo de crisis tenemos, es, junto a la guerra de divisas, el alto desempleo mundial, el incremento del hambre en el mundo y los temas medioambientales, parte del telón de fondo que tiene esta G-20 en Asia. ¿Se podrá dar un vuelco importante a estos temas?.
Por ahora, los dejo con este video promocional de la G-20 coreana, donde un total de 20 de los más destacados artistas coreanos se la juegan por el cambio. Let’s Go!. Vamos!... Vamos a seguir adelante mientras las manos se mantngan unidas.., dice parte de la letra. A modo de bonus especial para los lectores, aqui está el making off de la canción.
Como se ha hablado en estas páginas, parece que las próximas reuniones de la G20, previstas para el 11 y 12 de noviembre de 2010, en la República de Corea, van a ser para hablar de la deuda de los Estados, impulsado por la propuesta común de la Unión Europea. Con tanto hablar de estas ‘nuevas’ propuestas de deuda parece que se ha olvidado de la “guerra de divisas” que tanto ha preocupado a algunos, incluso en estas páginas, aunque era mucho ruido y pocas nueces para otros de nosotros. Supongo que no habrá hueco en la Agenda de la G20, con tanto hablar de las supuestas nuevas propuestas de la deuda y, por lo que nos dice Marco Antonio, parece que también hablarán de nuevos controles sobre los movimientos capital.
Con todo esto, no hay que olvidar que los países europeos también están queriendo trabajar más juntos en ampliar los poderes de la Comisión Europea (CE) para asegurar que las políticas económicas de los países sean adecuadas para cumplir con los objetivos macroeconómicos que los países miembros se han fijado.
Los líderes que se reunen hoy y mañana en la quinta reunión del G-20 motivada por la crisis tienen una serie de tareas importantes a tratar relativas a la estabilidad financiera mundial y la recuperación económica. Esta cita es muy significativa dado que por primera vez se encuentran en un país que no pertenece al G-8 y que ha buscado defenderse de las devaluaciones competitivas aplicando los controles de capital.
Esta cita se realiza en pleno desarrollo de la guerra de divisas y a pocos días del anuncio de la Fed de inyectar a la economía 600.000 millones de dólares. El impacto potencial de esta flexiblilización cuantitativa sobre los tipos de cambio es un tema que ha sido subestimado. Varias economías del G-20 como China, Japón, Brasil y Corea del Sur han expresado su preocupación de que esta medida puede inundar los mercados financieros con el dinero nuevo que conduce a las burbujas de los activos y la inflación en el precio de los commodities. El alza del petróleo, el oro y otros metales es una resultante directa de la operación planeada por la Fed.
Como ha hablado en estas páginas mi compañero, Marco Antonio, parece que los países europeos, liderados por Alemania y Francia están preocupados por la alta deuda estatal y quieren que las próximas reuniones de la G20 aborden esta cuestión. Es un tema importante e importante que se aborde.
Es importante porque es verdad que los ciudadanos son los que tendrán que pagar estas deudas. Son los que recibieron pocas de las ayudas, vieron reducido sus fuentes de financiación, precisamente de los bancos que si han visto muchas ayudas, y están sufriendo los programas de austeridad necesarias para cortar los números rojos y empezar a pagar estas deudas. Nada de esto debe sorprender, ya que algunos analistas hemos hablado de estos temas, incluso en estas páginas, y criticado el despilfarro desde el primero momento. No sólo advertimos de la inutilidad de gastar millones de millones de forma indiscriminada, pero también avisamos que lo obvio iba a ocurrir, y lo obvio de tanto gasto desenfrenado sin tener los recursos es que se generaría altos y crecientes déficits públicos y se acumularía cada vez más deuda pública. La sorpresa es que los altos y crecientes déficits públicos y la alta y creciente deuda pública son sorpresa para algunos.
El eje franco-aleman pretende cortar por lo sano y terminar de una vez por todas con las presiones que tienen empantanado al sistema y que le impiden sincerar su funcionamiento. La propuesta que encabezan Francia y Alemania y que será presentada mañana en la G-20 de Seúl, no busca otra cosa que cerrar la ventanilla a los cobradores y colgar un cartel que diga: “No se paga hasta nuevo aviso”. Con esto se pretende silenciar la ola de rumores, especulaciones y conflictos sobre qué país cae primero en el default, para declarar que todos entran voluntariamente en el impago, hasta que haya consenso en la forma en que se repartirán las pérdidas.
Hasta el momento, la forma en que se ha enfrentado la crisis ha tenido un impacto devastador en diversos sectores aumentando la inestabilidad social. Los gobiernos, han enfrentado la carga de la deuda a costa de sacrificar los derechos fundamentales de las personas. Uno de los temas que no toman en cuenta ni los analistas ni los gobiernos es que en las crisis de deuda el ciudadano común y corriente paga dos veces: paga cuando se utiliza su dinero para rescatar a las instituciones financieras afectadas, y también paga cuando esos rescates implican una reducción en sus servicios esenciales por los planes de austeridad. Como siempre, las leyes favorecen a los más fuertes (los bancos) y perjudican a la inmensa mayoría (la gente). ¿Es eso justo? Por cierto que no. Pero en la economía el término justicia se olvido hace mucho tiempo.
El impuesto a las transacciones financieras, sugerido en los años 70 por el economista James Tobin y despreciado durante cuatro décadas por la burocracia política y económica, ha tomado un importante giro para convertirse en realidad. En abril de este año la organización The Robin Hood Tax, lo tomó como una bandera de lucha con una serie de videos como éste que interpreta el actor Ben Kingsley, en el cual es asaltado en un estacionamiento por una pandilla que luego de revisar su cartera, las llaves del coche, el teléfono móvil y el portafolios, le devuelve todo excepto cinco peniques.
The Robin Hood Tax, junto a Amigos de la Tierra y ActionAid, entre otros, han logrado el apoyo de 183 organizaciones de 42 países que, en conjunto, han emitido una petición a los líderes del mundo que se reunirán en Corea del Sur esta semana, para imponer un impuesto sobre las transacciones financieras que permita ayudar a cubrir los costos de la crisis económica y apoyar a las naciones que se han visto más afectadas por la crisis. La carta está dirigida a los líderes del G-20, incluyendo el primer ministro del Reino Unido, David Cameron, y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
Con una propuesta de Estados Unidos para reducir su enorme déficit, aumentar su tasa de ahorro y reorientar su economía financiera, terminó la cumbre de Pittsburgh. Habrá que verlo. Lo cierto es que el plan para reorientar una economía mundial que se sacude en las catacumbas, necesita más que bonitas palabras al cierre. Puede ver aquí el Comunicado final de la Cumbre.
El aumento de la tasa de ahorro para Estados Unidos implica disminuir el enorme déficit comercial que tiene con China, tarea que requerirá aplicar políticas proteccionistas con respecto a este país como las que comienzan a aplicarse hoy con las importaciones de acero y neumáticos, castigadas con impuestos del 31% y 35% respectivamente.