
Tras la catástrofe de Fukushima Japón, y el posterior cierre de 54 centrales nucleares, el país nipón se enfrenta a un déficit de 12.000 mega watios de potencia (un 29% de sus requerimientos globales de energía), que está siendo compensado con un incremento de la demanda de petróleo y sobretodo de Gas Natural Licuado (GNL).
Esta situación, ha ayudado a incrementar la demanda de estas energías alternativas, introduciendo presión adicional sobre los precios de mercado, beneficiando claramente a los países y empresas productoras, que toman mayor impulso en detrimento de la energía nuclear.



