A estas alturas de la película adjetivar algo como zombie no es muy original. Ahora bien, como uno no busca un sillón en la Real Academia, y si que se me entienda, creo que va ser mejor que tire de este cliché de muertos vivientes para haceros una advertencia. Ojo con las promociones zombie que salpican nuestra piel de toro, a ver si creyendo que habéis pillado el chollo de vuestra vida, no os dais cuenta y acabáis en Elm Street.
Muchos comparadores de vivienda han desarrollado el instinto del escualo. Huelen sangre inmobiliaria y se lanzan a por el promotor. Lo que ocurre es que los promotores más débiles suelen ser aquellos que tienen más inmuebles por vender, lo que acaba derivando a muchos de esos compradores a promociones fantasmas, con un alto número de elementos por vender/ocupar. Así, nuestros nuevos tiburones se encuentran en una pecera amplia, desahogada, y muchas veces sin haber preguntado cuantos vecinos reales hay. Y eso pude generar una ristra de problemas (y no me refiero a que lleves muerto dos meses en el suelo de tu cocina y nadie repare en tu olor).








