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Alguna vez he oído que, en relación con la ludopatía, lo peor que te puede pasar es tener suerte. O creer que la tienes. Su explicación y experiencia eran sencillas. Alguien que no haya jugado nunca, y que, por mero pasatiempo, por mera casualidad, pruebe, sera muy desafortunado si resulta agraciado. La aparente contradicción se solucionaba con su impresión de que dicho golpe de fortuna contribuía a enganchar, a fomentar, la pasión por el juego. De algún modo, y enlazo aquí con aquel post sobre la causalidad y la casualidad, la persona cree tener su destino totalmente en sus manos, llámese karma, método o designio divino. Más o menos como pasa con las víctimas de los trileros.
No soy partidario, en lineas generales, de comparar la Bolsa y el juego. Pero me ha venido a la mente dicha imagen cuando he llegado, a través de un post de Diario de Nunca Jamás, al artículo de El País titulado Las Brokers de Monforte. Nos hablan de un grupo de chicas, estudiantes de Secundaria, han ganado un concurso de Bolsa impulsado por Fundación Caixa Galicia, donde han participado miles de estudiantes. Y el periodista remarca la noticia de como, en medio del crash bursátil, lo han hecho obteniendo una revalorización de su cartera virtual de más de un 60%. ¿Impresionante? Si, y me alegro mucho de que se impulse la formación financiera en las aulas, pero me da pena que el periodista no matice adecuadamente las informaciones, o que alguna de las chicas no sea consciente de lo que ha pasado.
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