Un año mas, presentamos el Indice de libertad económica para 2012, de la Heritage Foundation, colaborando con la Wall Street Journal, que nos da el nivel de libertad económica de los países. En su análisis, puntúan a los países basados en diez medidas agrupadas en cuatro categorías que son los pilares de la libertad económica. Estas medidas son los siguientes:
Acaba de salir el último Estudio (PDF) titulado Economic Freedom of the World: Annual Report 2011, emitido por la Fraser Institute, la organización educativa canadiense. En el Estudio, elaboraron un índice que tiene en cuenta 42 distintos elementos de información en las siguientes cinco áreas generales:
El tamaño del gobierno: gastos, impuestos y empresas estatales.
La estructura y seguridad de los derechos de propiedad.
El acceso a dinero estable.
La libertad para comerciar a nivel internacional.
La regulación del crédito, del empleo y de los negocios.
Recientemente Javier reflexionaba acerca de la perdida de soberanía que implicaba la deuda, a propósito del caso griego. Claro que, para ser precisos, decía que podía implicar. Yo soy más radical: la soberanía esta sobrevalorada en un mundo interconectado. Nuestra soberanía termina donde empieza la de los demás, y la misma no debería ser excusa para incumplir nuestras obligaciones. Y estos es así en lo micro y en lo macro.
En la segunda quincena de junio leí un artículo de El País que me dejó patitieso. Estaba escrito por Irene Lozano. Después de su lectura se me han quitado todo tipo de complejos para opinar de cualquier tema, en cualquier momento y con cualquier persona. ¿Exagero? El párrafo que me asombra es éste:
Hace unos años tuve la oportunidad de conocer el barrio danés de Christiania, una comunidad de alrededor de unos 1.000 vecinos que es auto gestionada, y que se basa en tres grandes principios: la libertad, el autogobierno y la ausencia de la propiedad privada.
Christiania, se convirtió en un modelo de convivencia e incluso económico con ánimo de expandirse a otros puntos del planeta, y desde que se fundó en el año 1971 (hace 50 años) tras la ocupación de un cuartel militar del ejército danés, se ha convertido en ‘un sueño hecho realidad’ para muchos que ven en este modelo una protección ante las ‘maliciosas’ prácticas capitalistas y los intereses económicos.
Aunque un poco tarde pero presentamos el Indice de libertad económica para 2011, del Wall Street Journal y de la Heritage Foundation que nos da la libertad económica de los países (PDF). Como vemos en esta tabla, Chile, no sólo lidera los países latinoamericanos, pero está muy alto en la lista general, demostrando su calidad de gestión y apertura económica. Sin embargo, a España le queda muchísimo todavía, con su puesto número 31.
Basados en diez medidas que evalúan la apertura, el estado de derecho y la competitividad, para elaborar la libertad económica de los países, estas medidas son los siguientes:
Hace 20 años, Alemania sesorprendió positivamente. Una noche como la de hoy, hace veinte años el muro de Berlín fue derribado al igual que había surgido, con nocturnidad y alevosía, éste se vino abajo. No sólo había que tirarlo, había que trabajar para reconstruir la Alemania dividida. Mucho ha llovido en Europa desde finales de los 80 y principios de los 90, tanto que una mirada atrás nos puede parecer tan lejana como si hubieran transcurrido varios siglos.
Europa ha avanzado muy rápido en estos 20 años, dirigida por la locomotora económica que es Alemania, aun que como bien dicen muchos economistas alemanes, falta aún mucho por hacer en el pais germano. Aunque como primer punto, sus propios ciudadanos consiguieron libertad, y a partir de ahí, quizá el plano económico pase a segundo plano.
La recomendación cinefila de este fin de semana es Fahrenheit 451, de Truffaut, basada en la novela de Ray Bradbury. Parece mentira que, apenas dos años de Mayo del 68, Francois Truffaut se atreviese a hacer estas proclamas en contra de un sociedad en la que el marxismo resultaba chic, en la que el huevo de la serpiente, bajo cualquiera de sus múltiples formas.
A alguno la tesis de la película le puede parecer exagerada, pero me temo, que como ha señalado Enrique Dans, la amenaza es más real que nunca. La cuestión ya no son los libros. Es el conocimiento, y el control del mismo. Odian la libertad, la posibilidad de elección, de diferenciación. Desprecian al mercado. Lo ven como fuente de infelicidad. EL Gobierno debe asumir el rol de igualarnos a todos, el Gran Hermano sabe lo que nos beneficia. La voluntad individual no tiene cabida.
La intervención de Beatty, en esta escena, no tiene precio, como nos recuerda Sebastian Contin:
Esta situación recuerda una escena que Bradbury retrató con maestría en Fahrenheit 451, donde en un mundo al revés, los bomberos, en vez de apagar fuegos, se dedican a quemar libros. El capitán de los bomberos exhibe la Ética de Aristóteles mientras dice: “cualquiera que lo haya leído a la fuerza ha de considerarse superior a quien no lo ha leído”. Tras esta reflexión, añade: “es inútil Montag, todos tenemos que ser iguales. El único modo de alcanzar la felicidad para todos es ser hechos iguales, estar todos al mismo nivel. Por eso tenemos que quemar los libros, Montag. Todos los libros”.
Que buena. Que gran película es La Ley del Silencio. Y como todas las grandes, con múltiples lecturas: un fresco portuario, un canto a la libertad individual frente a la colectividad, una película de gangsters, o como señalan algunos, una obra que se ha de interpretar en clave de excusa por la colaboración de su director, Elia Kazán, en la caza de brujas anticomunista, alentada por MacCarthy (e impulsada por Hoover). Aunque sobre esto último habría mucho que hablar.
Lo cierto es que los Puertos son un microcosmos, un universo paralelo al de la ciudad donde se hallan insertos, donde parece que el tiempo se detiene, donde las leyes que se nos aplican al común de los mortales parecen quedar en suspenso. Y eso es así en todas partes, y desde hace mucho, mucho tiempo. Pero aún así, uno sigue teniendo cara de pasmo cuando lee noticias como la siguiente.
Los sindicatos de transportistas que controlan vía cartel el Puerto de Bilbao se niegan a acogerse a un plan de retirada de sus pseudolicencias.El Gobierno Vasco, que busca instaurar la libre competencia en el Puerto, ha llegado a ofrecer 25000 euros (acumulativas a las otras ayudas al sector) para que se retiren o formen empresas, con las que compitan libremente en el tráfico de mercancías del Puerto.
Uno es ingenuo. Y no deja de preguntarse muchas cosas: