Poco antes de que estalló la última crisis de Irlanda, la Comisión Europea (CE) nos dió una estructura de cómo los países europeos tenían que organizarse para estar preparados para controlar mejor los sistemas financieros de sus miembros. En su análisis la CE nos revela (PDF) que, hasta antes de estas últimas ayudas, la suma de las ayudas organizadas por los distintos países europeos para salvar el sistema financiero europeo llega al 30% del Producto Interior Bruto (PIB) combinado de la Unión Europea (UE), con el 13% del PIB ya utilizado. ¡El 13% del PIB de toda la UE ya gastado!
Parte de la nueva estructura propuesta es el establecimiento de una Autoridad de Resolución para velar por el sistema financiero y para intervenir si detecta problemas en una entidad financiera y, también, dar más poder a los reguladores para regular. Todavía estamos esperando que aclaren el papel de esta Autoridad en comparación con el de los bancos centrales y de los reguladores ya existentes, cómo actuarán todos y cómo coordinarán sus actividades. Dicen que darán más poder a los reguladores, aunque no les dan más valentía para actuar, ya que se olvidan que los reguladores ya tenían poderes para regular, sólo les faltaba valor para actuar en plena fiesta.



Es típico en las relaciones humanas que la gente dice lo que le parece necesario e importante y lo exige para otros pero, cuando llega el momento de ser consecuente y de sufrir siéndolo, uno busca alternativas para no tener que cumplir.


