Hace unos días dormitaba plácidamente en el sofá. Repentinamente, mi móvil dio la señal de que acababa de llegar un SMS. Adormilado lo leí, y me desperté al instante: hola, q tal? sabes quién soy, no? . Asi de primeras ni idea. Luego pensé que era Monica Belluci, pero se me hacía extraño que la amiga Mónica se hubiese hecho con mi número, me escribiese desde un número 7332, y me indicase en letra diminuta una tarifa por mensaje. Así que finalmente descarte esa posibilidad (Mónica, si me lees, en mi perfil de usuario tienes mi dirección de correo). Nada, que no iba ser la versión masculina de aquel vídeo de Olé Ole
El caso es que recordé entonces algunas cosas que me habían contado, que había leido, para llegar a la conclusión de que había sido objetivo del negocio timofónico de los SMS. En esencia, su ultima variante, consiste en mandar mensajes del pelo del comentado a ver si picas y respondes. Al hacerlo, evidentemente pagas por el mensaje, y una de dos, o intentan enrollarte en un dialogo de besugos a través de un sistema automatizado de preguntas y respuestas para que sigas enviando mensajes, o lo que es peor, lo consideran por el art. 33 un alta en un servicio de suscripción de mensajes, y te cobraran por el mero hecho de mandarte cualquier chorrada (parece ser que es más facil quitarse las ladillas que darse de baja).

Si fuese sujeto de la típica prueba psicológica de asociación, creo que no tendría dudas: a la marca 

El Banco Santander acaba de anunciar su intención de reentrar el sector de servicios de telefonía móviles, esta vez como uno más de los operadores virtuales.


