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No habrá tregua este verano para la economía mundial. A los malos datos de crecimiento para Estados Unidos, peores a todos los pronósticos, y con las cifras de consumo totalmente debilitadas, se suma la negativa del Senado de aumentar el techo de la deuda. Por primera vez en su historia, Estados Unidos se enfrenta a la perspectiva de una bancarrota real que puede dar un nuevo choque a la ya famélica economía global. Ahora todas las estimaciones son a la baja y las agencias de calificación no tardarán en reducir la calidad de la deuda de la primera potencia económica.
En verdad, a estas alturas, da lo mismo si se sube o no el techo de la deuda. Como ocurre con Grecia, con Europa y también con Estados Unidos, todas las medidas de parche que se han adoptado tras la quiebra real del sistema hace tres años, no han hecho más que postergar lo inevitable. Los colapsos generados por una expansión del crédito son siempre una bomba de tiempo que tarde o temprano desembocan en una catástrofe final. Sino es hoy, será mañana. El colapso del actual sistema monetario basado en una estructura ponzi está en proceso de demolición. La economía se encuentra en una fase agónica producto de 30 años de despilfarro, consumismo, guerras, y mediocridad a raudales.
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