Se acercan las Navidades. La publicidad de la televisión se empieza a saturar de juguetes, de cava, etc. Y entre los anuncios destacan, por el dinero que se suelen gastar en ellos y por las ínfulas de creatividad, los de perfumes. No se si los de Cacharel aprovecharon unas Navidades para sacar el spot de su fragancia Lou Lou y el famoso Cést Moi, pero bien pudiera ser. Ahora, en estas fiestas que van a estar teñidas de luto de crisis me pregunto si el anuncio no pudiera ser recuperado por algunos sectores empresariales, pues les viene al pelo.
¿Por qué digo ésto? Desde que se desato la crisis se ha generado una curiosa alianza. Por un lado la de los empresarios que pretenden salvarse a costa del dinero público. Por otra la de los políticos, genéticamente intervencionistas, que pretenden incrementar aún más su poder en nuestras sociedades (les debe parecer escasa su influencia). Y, al margen de los medios, que como veremos no son inocentes, y de otras herramientas, justifican la desviación de ingentes sumas de dinero público hacia el sector privado con argumentos de lo más ocurrentes. Uno de los más repetidos es el de que una empresa, un sector, son estratégicos. Y si con eso no es suficiente, se recurre a lo del riesgo sistémico. Y entre nosotros, empiezo a estar un poco cansado, ya que en este clima romántico entre políticos y empresas, To er mundo e ejtratejico, que diría el bueno de Summers. ¿Estratégico?, pregunta el político con los euros en la mano. Si, soy yo, responde el sector aludido a coro.