
A cierre de agosto por primera vez en seis años, disminuyó el número de desempleados que perciben prestaciones contributivas por desempleo. Esto no ha venido de la mano de una mejora económica, sino de un agotamiento del régimen de prestaciones de los que tienen la fatalidad de estar en esta situación, personas que perdieron su empleo en 2008 y que todavía no han encontrado trabajo.
Estas personas, están padeciendo en primera persona los efectos de la crisis, y ahora de una manera aún más dura si cabe, con un agotamiento de las ayudas públicas. Este colectivo que ya se cifra en unas 600.000 personas, lejos de econtrar una solución a corto plazo, se encuentra en una situación de desamparo, y corren un grave riesgo de convertirse en el cebo de la exclusión social.






