
A medida que la crisis avanza a ambos lados del Atlántico y que los bancos comienzan a ser degradados por las agencias de calificación, se agota el tiempo para hacer frente a las debilidades del sistema financiero global. El excesivo apalancamiento de los bancos europeos en su clásica versión del esquema ponzi, los enfrenta a una exposición a la deuda por más de 300.000 millones de euros.
Pese a que el Banco Mundial considera improbable que las grandes economías sufran una nueva recesión, los mercados señalan otra cosa y anticipan la inminencia de una próxima recaída. La crisis de la deuda ha aumentado la exposición al riesgo y los bancos europeos deben recapitalizarse para soportar las posibles pérdidas en montos nada despreciables. Si bien la actual situación recuerda plenamente el período previo a la quiebra de Lehman Brothers, esta vez la diferencia la marca el hecho de que los gobiernos no podrán salir al rescate de ningún banco como lo hizo en 2008.

