
Psiquiatras, médicos, psicólogos y sociólogos defienden que en tiempos de crisis los suicidios aumentan. La presión por las dificultades económicas unido a la necesidad de conservar o encontrar un empleo suponen una presión psicológica para las personas tal que para muchas el suicidio termina siendo una salida.
Aunque las estadísticas oficiales en este terreno son bastante escasas y no se actualizan con demasiada frecuencia, numerosos estudios indican que las personas desempleadas padecen problemas psicológicos con mayor frecuencia que las que gozan de un empleo estable. Tanto es así que el 34% de los desempleados sufren problemas psicológicos, frente al 16% de los que tienen trabajo. Los parados tienen un riesgo de suicidio entre dos y tres veces mayor que los trabajadores.

