
La economía de Estados Unidos lucha en forma desesperada para recuperarse de la que hasta el momento es la peor crisis financiera desde la Gran Depresión de los años 30. Sus esfuerzos se encaminan a evitar superar ese hito, aunque dado el impacto que vive el comercio, la demanda y el empleo, no es tarea fácil. La actual crisis se abre paso dentro y fuera del sistema agotando parte sustancial de las políticas ortodoxas. En esta batalla no quedan municiones y aunque la Fed agotó todos sus cartuchos, ahora planea una operación de avanzada para inyectar más dinero en el mercado y atacar a ese enemigo temible que es la deflación. Como informamos hace 18 meses, la inflación es ahora una pócima curativa.
La deflación es el fantasma que recorre a las economías más complicadas tras el cese del crédito y del dinamismo económico. La maldición del dinero fiduciario, y el colapso del esquema ponzi generado en las últimas tres décadas, ha desatado ahora la caída en las ventas y el hundimiento de los precios. Este proceso de contracción ahuyenta la inversión y por ende la eventual mejora en el empleo. El derrumbe de los precios, además, posterga las decisiones de compra, pues, si mañana estará más barato, ¿para qué gastar ahora?.

