afuradadotrasno

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En ¿Los salarios españoles lastran la economía?

Una de las recetas, entre otras varias, que el FMI acaba de recomendar a España para hacer frente a la crisis es la necesidad de reducir nuestros salarios. ¿Estaría justificada una decisión de este tipo? ¿A dónde nos conduciría? Utilizando datos OCDE, analizamos en primer lugar la evolución de los salarios industriales (gráfico 1). Vemos que España solo supera a países en desarrollo como Polonia y la República Checa, situándose por debajo de todos los países desarrollados que seleccionamos aquí, a considerable distancia de EE.UU., Alemania o Francia. Este dato es indicativo pues, de que los salarios que se pagan en España son competitivos, en terminos de costes empresariales, respecto a los que se pagan en los restantes países desarrollados. La situación cambia radicalmente, sin embargo, cuando incluimos en el análisis la productividad. En el gráfico 2, comprobamos que en productividad por hora trabajada sólo superamos a Polonia y Japón (si bien los japoneses trabajan 890 horas año por habitante, frente a las 741 horas año por habitante que trabajamos en España). Así pues, cobramos menos, pero somos también menos productivos que todos los demás países desarrollados. Si por último, reparamos en cómo evolucionó la productividad en los últimos años (gráfico 3), España se sitúa a la cola de los países seleccionados. Destacan los enormes incrementos da productividad en los países en desarrollo (República Checa y Polonia). También Irlanda está muy por encima de EE.UU. Japón, prácticamente al mismo ritmo que EE.UU. En Francia y Alemania la productividad se incrementó menos, pero mucho más que en España.
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  • 12 de febrero de 2010 a las 20:50
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En Reducciones en el PIB de 2008 al 2009 en varios países

El FMI acaba de publicar sus previsiones sobre la economía mundial para los años 2010 y 2011. El conjunto de la economía crecerá 3,9 y 4,3 puntos. Todos los países desarrollados, excepto España, tendrán crecimiento del PIB ya en 2010. Los países emergentes, Brasil, India y China recuperarán tasas de crecimiento muy superiores a las de los países desarrollados. Estas previsiones reflejan bien a las claras la magnitud de la crisis española. Es cierto que para recuperar la senda de crecimiento a corto plazo hay una serie de medidas que es urgente adoptar: reforma del mercado laboral, engrasar el sistema financiero para que el crédito vuelva a fluir a familias y empresas y así ayudar a recuperar la demanda interna, control estricto del gasto público en todas las administraciones, etc. Sin embargo, todas estas medidas serían realmente eficaces si nuestra economía fuese competitiva en los mercados internacionales (Alemania, por ejemplo). Si fuese el caso, las medidas citadas ayudarían mucho a recuperar la senda de crecimiento anterior a la crisis. Pero como se sabe, el enorme crecimiento español de los últimos años estaba basado en la construcción y en los servicios (especialmente el turismo). Es interesante ver cómo ha variado la composición de nuestro PIB entre 2001 y 2008. En esos ocho años, la industria ha perdido 3 puntos, agricultura y pesca 1,5 puntos, y 0,7 los impuestos netos. Descensos que se han compensado con un crecimiento de 2,3 puntos en la construcción y de 2,8 en los servicios. Así, pues, en el caso español, esas medidas a todas luces necesarias a corto plazo, sólo podrían llevarnos a una nueva etapa de expansión basada otra vez en la construcción y el turismo. Pero parece obvio que en muchos años nuestro sector inmobiliario no podrá crecer debido al exceso de oferta que supone el actual parque de viviendas, y nuestro sector turístico, aún en un escenario de plena recuperación de las restantes economías desarrolladas, sufrirá cada vez mayor competencia y de mayor calidad de los restantes países mediterráneos, por lo que difícilmente también podrá recuperar su pasado esplendor. Por tanto, mientras nuestro cada vez más raquítico sector industrial no gane competitividad (recuérdese que nuestra balanza comercial tiene un déficit anual equivalente al 10% del PIB), son muy escasas las posibilidades de lograr una verdadera recuperación. Pero eso requiere decisiones estructurales, de largo plazo, que permitan cambiar, de verdad, nuestro modelo productivo.
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  • 29 de enero de 2010 a las 17:21
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En Algunos negocios venezolanos tienen que subir sus precios

En estos momentos de turbulencia económica que vivimos parece que la recesión está afectando también de manera importante a la capacidad para aportar ideas de los teóricos de la economía. El discurso es cada vez más reduccionista. Además del ya manido argumento centrado en la necesidad de intensificar la I+D+i para generar conocimiento, única vía posible para ganar competitividad en los países desarrollados, las restantes recetas están centradas únicamente en la política monetaria. En particular, en utilizar la devaluación monetaria para ganar competitividad y mejorar el saldo de la balanza comercial. Ayer mismo Venezuela aplicaba esta medicina. Desde EE.UU. se viene desarrollando una campaña sistemática, en la que participan algunos premios nobel, tratando de conseguir el suficiente consenso internacional para forzar a China a apreciar su moneda frente al dólar –y frente al euro-. Es la única solución que se ve, a lo que parece, para tratar de aminorar el espectacular ritmo de crecimiento de la economía china en los mercados mundiales. El yuan chino ha perdido el 38% de su valor de 2001respecto al euro, el yen japonés el 40% y el dólar USA el 64%. En 2001, Alemania tenía un saldo comercial positivo de 78 billones de dólares USA; China 22,6; Japón 54,4; EE.UU. un saldo negativo de 449,4 billones de dólares y España un saldo también negativo de 33 billones de dólares. Tomamos 2001 como año base -índice 100- y observamos cuál ha sido la evolución desde entonces. El saldo alemán no ha dejado de crecer hasta 2008, año en que sufre un ligero retroceso. Aún así, en 2008 había alcanzado un saldo de 331 puntos respecto a los 100 iniciales. China crece desde 2003 de manera espectacular –en 2008 se sitúa en 1308 puntos-, Japón mantiene una senda de crecimiento sostenido hasta 2008, año en que sufre un espectacular retroceso -36 puntos, si bien en 2007 tenía 169-. EE.UU. no cesa de incrementar cada año su déficit comercial –en 2008, 51 puntos de los 100 iniciales-. España, en estos ocho años pierde 75 puntos. Es decir, partiendo de igual ponderación en 2001, 100 puntos, en ocho años EE.UU. ha perdido 280 puntos en relación a Alemania y 1258 respecto a China. La visión conjunta de ambos datos nos indica que Alemania sin ningún tipo de palanca monetaria, sino todo lo contrario, soportando las continuas devaluaciones de las restantes divisas, ha mejorado notablemente su competitividad, multiplicando por 3 su saldo positivo de 2001. España, con el mismo marco monetario que Alemania, no ha dejado de ver como se deteriora su competitividad, multiplicando por 4 su déficit comercial en estos ocho años. China ha devaluado su moneda un 38% respecto al euro y ha multiplicado por 13 el saldo comercial positivo de 2001. Japón ha devaluado un 40% en relación al euro y sin embargo, en 2008 su saldo comercial era un 65% inferior al de 2001 –si bien, en 2007 se situaba en el 168% del de 2001-. EE.UU. ha devaluado un 64% y, a pesar de ello, su déficit comercial no ha dejado de crecer, duplicando en 2008 el enorme déficit que ya tenía en 2001. Estos datos ponen en evidencia que la devaluación como arma para ganar competitividad tiene un impacto más que discutible. Cuando no se poseen otras ventajas competitivas, la devaluación por sí sola no sirve. Más bien al contrario, podría decirse que es el camino más corto para la "argentinización" de una economía. En el extremo opuesto, China ha devaluado menos que Japón y mucho menos que EE.UU., y sus resultados son espectaculares. Sería deseable, pues, plantear el debate en cuestiones de más calado. Haría bien la academia norteamericana en reclamar cambios de verdad en el modelo productivo de su país, en lugar de empecinarse en seguir intentando resolverlo todo en el tablero de las políticas monetarias mundiales.
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  • 14 de enero de 2010 a las 11:55

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