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Que Le Pen gane significa el primer paso para la disolución del Euro

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Marine Le Pen, candidata del Frente Nacional a las elecciones presidenciales francesas se ha posicionado sobre cuál debe ser la actuación de Francia frente el euro. Su propuesta se basa en regresar al franco francés con una estructura monetaria parecida al ECU (European Currency Unit).

La líder del Frente Nacional sabe que los franceses están preocupados por el futuro impacto de abandonar la moneda única en relación a sus puestos de trabajo, en el ahorro y la jubilación. De ahí, que la propuesta sería un término medio que podríamos situarlo en la zona pre-euro, cuando el valor de las monedas estaba fijada frente a una cesta común.

Incluso, Le Pen ha afirmado que la deuda nacional del país se podría convertir en esa nueva divisa. El economista del Frente Nacional ha comentado que en el nuevo sistema habrían tipos de cambios fijos pero que se le permitirían algún tipo de ajustes aunque no especificado más allá de cómo se producirían estos ajustes.

La sugerencia de Le Pen podría tener algún atractivo más allá de las fronteras francesas. Una vuelta a aquella época que se permitió a los países devaluar o revaluar sus monedas en circunstancias excepcionales podría tener una visualización positiva desde el sur de Europa.

La única manera de recuperar la competitividad perdida desde la introducción del euro ha sido disminuir los costes laborales unitarios. En términos políticos, Le Pen tiene poco que perder a través de presumir una solución aparentemente simple y sin dolor a un problema complejo muy propio del discurso populista.

Sin embargo, lo que no se menciona en el discurso proteccionista de la ultraderecha es que tras las devaluaciones competitivas importar era mucho más caro y la inflación se acentuaba, siendo una maquinaria de destruir poder adquisitivo (España tuvo que esconder su inflación en el déficit de tarifa para entrar en el euro). Esto se debe a que por ejemplo el barril de Brent cotiza en dólares y devaluar frene al dólar llevaría a un escenario de subida de precios interna.

Si las devaluaciones competitivas fueran la panacea para mejorar la situación económica de un país, una de las economías lideres del mundo debería ser Venezuela pues su divisa se ha hundido frente al dólar, y se encuentra sumergida en un escenario de hiperinflación y recesión económica.

Consecuencias de esta decisión para el euro

Cabe recordar que el euro, tal y como lo conocemos hoy en día, es la suma de dos divisas en esencia: el marco alemán y el franco francés, por lo que la salida de Francia de la moneda única implicaría la práctica disolución del euro y las políticas monetarias desarrolladas irían encaminadas a beneficiar a Alemania en exclusiva por su sobreponderación en el euro. En otras palabras, sería como si el resto de países hubieran adoptado el marco alemán.

Recordemos que a día de hoy las políticas monetarias aplicadas no benefician precisamente a Alemania sino a los países del sur y a Francia que se encuentra en estancamiento económico. De hecho, si examinamos la Regla de Taylor, Alemania necesitaría sus tipos de interés en el 4% ya que se encuentra en pleno empleo y existe el riesgo de burbuja inmobiliaria de seguir con estos tipos de interés.

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Dado que Alemania sería quién liderara la política monetaria sin ningún contrapeso, el Bundesbank utilizaría su influencia en la mesa para ir subiendo tipos de interés y eliminando toda la política no convencional que duramente ha criticado en varias ocasiones, adaptando la política monetaria a las necesidades actuales de la "locomotora de Europa".

Dado que los diferenciales estructurales entre las economías del norte y del sur de Europa son intensas, una política monetaria en favor de Alemania debilitaría a los llamados PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España), evidenciándose, más aún, las dos velocidades por las notables diferencias estructurales. A partir de ese momento, el incentivo está claro, los países del sur tendrían más incentivos en abandonar el euro que en su permanencia, lo que supondría la disolución del euro.

Sin Francia, los bloques económicos entre el norte y el sur quedarían claramente diferenciados y nos podríamos encontrar una divisa sólida en el norte (semejante al marco alemán) y otra divisa para los países del sur sometida a recurrentes devaluaciones frente al ECU como ya se hizo con la peseta o la lira italiana antes de la adopción del euro que frente al ECU que asumieron una devaluación de más de un 50%.

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Piedras en el camino para aplicar esta propuesta

Los oponentes de Le Pen han señalado lo difícil o imposible que sería renegociar todos los tratados de la Unión Europea para desarrollar un sistema de divisas en paralelo. La introducción de una moneda nacional llevaría a retos logísticos de elevados costes tipo intencionalmente grandes inconvenientes económicos.

Otro aspecto que cabe señalar es que la actividad económica de Francia quedaría resentida por la desconfianza de empresarios y consumidores en la nueva divisa y muy probablemente, si se llegara a producir, veríamos una fuerte devaluación como la vivida en la libra esterlina con el Brexit.

La expectativa de que la deuda nacional francesa quedará denominada lasen otra divisa haría saltar por los aires los costes de endeudamiento que se reflejan en el mercado de renta fija. Sin embargo tras las declaraciones de Le Pen, que el mercado de bonos franceses no ha descontado tal expectativa ya que el bono a diez años francés cotiza a una TIR del 1,06%.

France Government Bond Yield

Esta nula reacción de los mercados puede deberse a dos factores principales. O bien los mercados no vaticinan la llegada del Frente Nacional al Gobierno de Francia o bien perciben como inviable, en términos e ejecución, la propuesta de la ultraderecha francesa.

¿Cómo funcionaba el ECU?

El ECU era la unidad monetaria compuesta del tipo de cesta de divisas cuyo antecedente más próximo era la UCE (unidad de cuenta europea) que se estableció en el año 1975 aunque sólo a efectos de servir como instrumento de cálculo. Y es que el ECU fue creado en el año 1979 basado en las monedas de los países que componían la Unión Europea (en aquel entonces CEE).

Por ello, divisas como la lira italiana, la libra esterlina o el dracma griego figuraban dentro de la composición del ECU aún cuando ninguna de estas divisas estaban sometidas a la disciplina del sistema monetario europeo.

La composición de la cesta se realizan en función del PIB y el volumen de comercio exterior de cada país de la Unión Europea, de forma que el peso relativo de cada moneda en ECU queda vinculada a la exportación económica de cada país. Debido a un sistema de ponderaciones el marco alemán lleva a suponer un tercio del ECU, mientras que, el dracma griego su peso no llegaba ni al 1%.

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El ECU ofreció un cambio continuado a todas las divisas que están incorporadas en la cesta. Dicha paridad estaba fijada por decisión de los bancos centrales de los indiferentes países de la Unión Europea en función de la situación general del mercado de divisas.

Para que la decisiones de los cambios bilaterales no resultase excesivamente rígida se establecían ciertos márgenes de fluctuación, que quedaban establecidos como porcentaje sobre los respectivos cambios teóricos. Así, existía una banda estrecha de fluctuación del 2,25% y otra más amplia del 6%.

En la banda estrecha se incluían la mayoría de divisas y en la banda ancha monedas como la peseta y el escudo portugués. No obstante, en el año 1993, la banda de fluctuación quedaría para todas las divisas en el 15%, exceptuando el marco alemán y el florín holandés que mantuvieron los límites anteriores del 2,25% **dejando al Sistema Monetario Europeo absolutamente desvirtuado.

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