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El fin del crédito: ¿y si la banca estuviera obligada a un coeficiente de reservas del 100%?

El fin del crédito: ¿y si la banca estuviera obligada a un coeficiente de reservas del 100%?
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Actualmente, alrededor del 97% del dinero mundial no viene dado ni por los bancos centrales ni por una institución del gobierno sino que es creado por los bancos privados o bancos comerciales en proceso de concesión de préstamos.

En un entorno económico de reserva fraccionaria, una de las múltiples facultades de los bancos centrales es la de exigir a las entidades de crédito establecidas bajo su supervisión el requerimiento de unas reservas mínimas que no podrá ser utilizado para la concesión de préstamos.

Como parte de su política monetaria, se puede decidir aumentar o reducir el coeficiente de reservas y esto tiene un impacto directo e inmediato en la oferta monetaria (M2). La razón es simple, si el coeficiente de reservas se reduce, los bancos tienen mayor capacidad para prestar, mientras que si el coeficiente se incrementa esta capacidad se ve reducida.

¿Cómo afecta el coeficiente de reservas a la creación de dinero?

Imaginemos un supuesto de coeficiente de reservas del 10% sobre un volumen de depósitos de 100 euros. En el balance de la entidad A tendríamos en los pasivos el total de depósitos y en el lado de los activos 10 euros en reservas y 90 euros restantes en créditos.

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Esos 90 euros en créditos se traducen en expansión crediticia. Por lo que llegarían a la entidad B en forma de nuevos depósitos y, de nuevo, esa entidad debería mantener el 10%, es decir, 9 euros, y con la capacidad de prestar los 81 euros restantes.

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Como se puede comprobar, el dinero que se puede prestar es dinero que puede filtrarse a través de la economía y multiplicarse a través de un proceso de expansión de depósitos a medida que las empresas y los consumidores lo solicitan para invertir.

Este proceso es descrito por los economistas como el efecto multiplicador. Eso significa que los cambios en el coeficiente de reservas alterarán el efecto multiplicador, y altera los ritmos de expansión de la oferta monetaria.

La fórmula para el multiplicador de dinero es multiplicador = 1/ratio de reserva. El multiplicador monetario es el recíproco del coeficiente de reservas. Como se puede ver, al cambiar la razón de reserva, que está dentro del multiplicador, rápidamente cambia el multiplicador en la dirección opuesta.

Cuando el coeficiente de reservas es del 10%, el multiplicador sería de 10. Sin embargo, cuando el coeficiente de reservas aumenta al 20%, el multiplicador disminuye a 5, y así sucesivamente en una relación inversa.

Las consecuencias del sistema bancario de reserva fraccionaria

El negocio bancario no centra su actividad en almacenar dinero sino que captan el dinero de los depositantes que buscan un retorno sobre sus ahorros y que no necesitan tener acceso a sus ahorros de inmediato, para prestarlo a quiénes tienen necesidades de financiación.

Con esta actividad, y como hemos explicado anteriormente, se produce una expansión crediticia a través del multiplicador monetario, formando nuevos depósitos que carecen de respaldo alguno.

Por lo tanto, la primera consecuencia que tenemos es que el sistema de reserva fraccionario es fraudulento porque promete pagar a los depositantes cantidades que realmente no existen. En la estructura de un banco, los depósitos no están garantizados ya que están invertidos sin autorización de los depositantes.

La banca de reserva fraccionada causa continuamente inflación a través de la reducción artificial de los tipos de interés en comparación con lo que sería en un entorno monetario estable. Esto puede ocurrir indefinidamente con la ayuda y asistencia del banco central. Los bancos centrales pueden ofrecer tipos de interés bajos para fomentar la creación de nuevos créditos.

Sin embargo, la expansión del crédito conlleva a un aumento artificial del dinero y el crédito en una economía conduce inevitablemente a una mala asignación de los recursos de capital porque permite perseguir oportunidades de inversión cada vez menores que no habrían perseguido si la oferta monetaria se hubiera mantenido estable.

Una reserva fraccionaria del 100%

No parece que tenga mucha lógica que el un banco esté facultado para captar depósitos a la vista, cuya disponibilidad debe de ser inmediata y seguidamente financiar inversiones, a través de sus créditos, a cinco, diez, veinte o más años.

Por ello, una de las propuestas es alterar este sistema de reserva fraccionaria y establecer un coeficiente de caja del 100% que supondría que los bancos no podrían prestar sus depósitos y cuentas a la vista de sus balances.

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El economista español de la escuela austriaca, Jesús Huerta de Soto, nos expone en su libro "Dinero, crédito bancario y ciclos económicos" una reforma bancaria para establecer un coeficiente de caja del 100% para la banca privada y dejando para el banco central, la responsabilidad de garantizar un crecimiento de la oferta monetaria igual o ligeramente al crecimiento de la productividad que se experimentase en el sistema económico (propuesta de Maurice Allais).

En este supuesto, nos encontramos que en la transición de un modelo a otro, los depositantes deberían elegir si prefieren ser tenedores de su dinero o bien prefieren participaciones sobre las inversiones del banco que sería proporcional al volumen de depósitos, al igual que las instituciones de inversión colectiva (IIC).

A su vez, habría que resolver el problema del respaldo de los depósitos, por lo que la autoridad monetaria debería imprimir billetes de curso legal por un importe idéntico a la suma del total de depósitos a la vista y equivalentes. Con ello, se conseguiría resolver el problema del respaldo causado por el sistema de reserva fraccionaria.

Bajo esta reforma, las entidades no se centrarían su actividad en obtener el diferencial de rentabilidad entre depósitos y créditos, sino que, al igual que funcionan las IIC, sus ingresos vendrían por las comisiones por la gestión de activos y también, por los actuales servicios de pago que ofrecen.

La regulación actual sobre el coeficiente de reservas del BCE

Entre los instrumentos de control de política monetaria que ostenta el BCE se encuentran las operaciones de mercado abierto, las facilidades permanentes y exige a las entidades de crédito el mantenimiento de reservas mínimas en cuentas con el Eurosistema.

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El BCE explica que sus objetivos para su sistema de reservas mínimas del Eurosistema son para contribuir a estabilizar los tipos de interés del mercado monetario al ofrecer a las entidades, un incentivo para suavizar los efectos de las fluctuaciones transitorias de liquidez, y crear o a ampliar un déficit estructural de liquidez.

En el supuesto de incumplimiento, el BCE impone sanciones a las entidades que incumplan las obligaciones derivadas de los reglamentos y decisiones del BCE relativos a la aplicación de reservas mínimas.

El BCE ha modificado su política monetaria vinculada al coeficiente de reservas. Hasta enero de 2012, los bancos debían mantener en sus bancos centrales nacionales un coeficiente mínimo del 2% de determinados pasivos, principalmente depósitos de clientes. Desde entonces, este coeficiente se ha reducido al 1%.

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