Nace el Cloud "made in Europe" para competir con la tríada estadounidense de Amazon, Azure y Google Cloud

Nace el Cloud "made in Europe" para competir con la tríada estadounidense de Amazon, Azure y Google Cloud
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En un mundo tecnológico dominado por las todopoderosas multinacionales estadounidenses, y en parte también por los emergentes gigantes tecnológicos chinos, era una gran superpotencia la que en tecnología se estaba quedando escandalosamente “coja”, con todo lo que ello implica en un futuro que, ya no es que se en gran parte digital, es que va a ser digital hasta los propios cimientos de cualquier socioeconomía.

Pero, aunque estrepitosamente tarde, parece que por fin en Europa ha sabido ver que, sin gigantes tecnológicos europeos, no había apenas futuro para los ciudadanos del Viejo Continente, y se han lanzado a sentar las bases de la nueva era digital en Europa. El Cloud debía ser necesariamente la primera de esas bases, y como tal es la primera que nos va a llegar. Ahora ya habrá todo un futuro digital por delante “made in Europe”.

La Vieja Europa que se estaba quedando “vieja”, pero “vieja” de verdad…

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Hace ya bastantes años, ante el surgimiento de todopoderosos gigantes tecnológicos estadounidenses que iban a dominar el futuro “techie” (como de hecho ha ocurrido), desde estas líneas nos preguntábamos que dónde estaban esos mismos gigantes tecnológicos con marca “Made in Europe”. Ya desde antes incluso de aquel análisis, venimos reclamando el fomento de gigantes europeos en la arena tecnológica, que deberían permitir que Europa tenga una parcela de futuro en esa “Sociedad tecnológica” de la que todos ya formamos parte, y que está llamada a ser el futuro de nuestras socioeconomías en el sentido más amplio.

Pero puede ser que poco a poco ese futuro “techie a la europea” esté llegando, y que por fin nuestros dirigentes sean conscientes de que sin gigantes tecnológicos europeos la vieja Europa no será “Vieja” ya sólo por histórica, sino que además lo será por obsoleta, y porque en el mundo global más tecnológico ya no tendrá unas capacidades técnicas que nunca debería de haber dejado de poner entre sus metas más estratégicas. Así, hace poco más de un año, ya les trajimos un análisis en el que ya pasábamos a vaticinar el próximo surgimiento de estos gigantes “techie” europeos, y ahora con el tema de hoy aquella predicción se ve refrendada con hechos.

El primer paso de la reconquista tecnológica europea no podía ser otro que la infraestructura más fundamental: el cloud

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La noticia me llegó por uno de esas joyas de lectores con las que tenemos la suerte de contar en esta rica comunidad de El Blog Salmón, y que me aportan a mí profesional y personalmente mucho más de lo que espero yo aportarles a todos ellos en justa correspondencia. Fue en este caso José María Puerta el que tuvo la deferencia de compartir con un servidor la excepcional y muy relevante noticia de que Europa por fin se lanzaba a por todas en la arena tecnológica, y más concretamente a fundar un gigante del cloud, tras años de flagrante inacción (o incluso mala acción) ante un futuro cuyo tren se nos escapaba por momentos, y que además era de esos trenes que una vez perdidos ya no volvían nunca jamás.

Para los lectores menos versados en tecnología, tan sólo introducirles a que el Cloud es simplemente la externalización “en la Nube” de la capacidad de cómputo que pueden necesitar nuestras empresas (o nosotros mismos como ciudadanos). Sus Dropbox son la Nube, cualquier aplicación que usan y que no sólo ejecuta código en su teléfono está recurriendo a la Nube como concepto, si bien puede ser una Nube privada como sería que los servidores que utiliza estén en los propios Centros de Proceso de Datos (CPDs) del desarrollador o de un proveedor de mero hosting, o puede ser también un Cloud público, al almacenar sus datos y ejecutar su código en los CPDs públicos (utilizados por muchas empresas) de Amazon, Azure o Google. Como ven, por tanto la Nube no sólo es una tecnología que permite a las empresas y particulares acceder a capacidades de cómputo nunca antes a su alcance, sino que además lo hace por tan sólo una fracción de lo que les costaría mantener todo un CPD propio (que ya solo será rentable para grandes compañías con microeconomías de escala). Con la Nube las empresas se evitan la gran complejidad y dificultad de tener que mantener y operar uno de estos centros de infraestructura informática con la suficiente disponibilidad, que ahora se la garantiza Amazon u otros con unos SLAs con los que antes sólo podían soñar al ver los 99,9999% de estabilidad y/o disponibilidad que sí que se podían permitir las grandes empresas. Finalmente, la Nube también reduce la brecha tecnológica entre PYMES y grandes corporaciones, tal y como ya les analizamos hace más de 8 años cuando el Cloud aún estaba entre pañales, y que, en el caso de una España con un tejido productivo con muchas muchas PYMES, es un tema doblemente esencial.

Así, ya pueden ver cómo entre los pilares más fundamentales de esa “sociedad tecnológica” que poco a poco va yendo más allá y transformándose en la “sociedad técnica”, el Cloud era la primera piedra a poner del nuevo edificio “techie” europeo. Y de hecho así lo han sabido ver desde Europa, donde de hecho han sido en concreto dos de sus principales valedores, Francia y Alemania, los que se han puesto manos (ay, digo: bits) a la obra para construir un futuro técnico que garantice un espacio europeo alineado y acorde con los principios y los intereses más fundacionales de esa Europa que es el fórmula socioeconómica que más décadas ininterrumpidas de paz duradera nos ha traído a ese Viejo Continente que tantos millones de muertos y tan convulso resultó ser hasta hace menos de un siglo, precisamente cuando los europeos decidieron reinventar una Nueva Europa. Y ahora podemos decir que lo que se está haciendo es volver a reinventar a esa Nueva Europa, pero bajo el disruptor concepto de Europa 4.0, y que esperemos que sea algo que siga trayendo otras tantas décadas de un futuro de progreso y de bienestar a los ciudadanos europeos. Porque la alternativa es caer en la irrelevancia tecnológica, política y socioeconómica, con unos valores y unos ideales europeos que se nos desharían entre las manos al no contar con tejido empresarial y tecnológico que los sustentase, y quedando en manos de terceras potencias y sus injerencias.

Pues de forma paralela a la re-edición político-socioeconómica a la que hemos asistido de aquel eje franco-alemán del que ya poco se hablaba, la iniciativa del Cloud europeo ha surgido de unas renovadas aliadas como son esas Francia y Alemania que han vuelto a encontrar su sintonía en temas europeos, tras la reciente polarización norte sur en Europa, en la que Francia se encontraba incómodamente en medio, y con la que Alemania se situaba en el eje norte más exigente junto a países nórdicos y Holanda. Así pues, parece que esta nueva iniciativa del Cloud europeo tan sólo es un reflejo más de cómo podríamos estar asistiendo al resurgir de un renovado proyecto europeo mucho más amplio de lo que marca la tecnología, por mucho futuro que pueda representar. La noticia es realmente buena si se confirmase este extremo, puesto que a ese renovado eje franco-alemán, a ese rebajar de los muros internos erigidos acrecentando la brecha norte-sur, al decidido y valiente plan europeo para ayudar en esta crisis a España e Italia (que también ha sido decisivamente respaldado por el propio BCE, sin el cual ahora estaríamos en un estado de prima de riesgo catastrófico), y ahora a ese futura Europa 4.0, además se añadiría el hecho de que Europa, ante la terrible crisis que la pandemia está provocando en el proyecto europeo, puede estar dando con la fórmula para reinventarse y acabar saliendo reforzada de tan delicada coyuntura. Ojalá se acabe confirmando este escenario por el bien de todos.

La (por ahora) denominada plataforma GAIA-X digital pretende construir todo un ecosistema Cloud europeo en el que se conecte a usuarios y proveedores de todo el mundo, al más puro estilo del Cloud que inventasen los estadounidenses, precisamente para poder competir de igual a igual con las omnipresentes, dominantes, y todopoderosas AWS de Amazon, Azure de Microsoft, y Google Cloud del gigante de Mountain View. La nueva plataforma estaría basada y promocionaría de forma nativa los estándares europeos, que se distinguen de los estadounidenses por ser fieles a los ideales europeos, como por ejemplo ya ocurre con la privacidad o en otros campos, que ya provocaran en el pasado un cierto enfrentamiento Europa-EEUU, y que se resolvió en parte creando zonas de disponibilidad en suelo Europeo en donde alojar CPDs de los gigantes del Cloud y en base a la legislación europea del dato y otras. En palabras de los propios miembros fundacionales de GAIA-X, pretenden crear “una infraestructura de datos federados que refuerce y asegure los valores europeos, como la apertura, la interoperabilidad, la transparencia, así como que en el uso de los datos la confianza esté garantizada en todo momento”.

Se pretende que el go-live de la plataforma Cloud europea sea tan pronto como a principios de 2021, y que además, y como muestra de las intenciones de libre competencia y de apertura de mercados de la que Europa hace alarde, dicho Cloud permitirá la migración entre proveedores cloud, o incluso ser base para un entorno multi-Cloud en el que las empresas europeas puedan elegir el Cloud europeo para unas aplicaciones, y otros Cloud para otras; y todo ellos salvaguardando los datos y sin pérdida de los mismos. En lo referente a los datos, y como otra demostración más de esa honda preocupación europea por salvaguardar los datos personales de los ciudadanos europeos, así como sus derechos digitales, el Cloud europeo ofrecerá una total transparencia en todo momento sobre quién, cómo y cuándo accede a nuestros datos. El conjunto de empresas franco-alemanas que alumbrará este nuevo Cloud europeo alcanza las 22 grandes corporaciones, entre las cuales se incluyen ATOS, Bosch, Siemens, y tomará forma jurídica en breve desde Bruselas. Una vez el proyecto haya echado a andar, estas 22 empresas iniciales procederán a invitar a otros participantes europeos (y de otros países) que se quieran unir a la iniciativa.

En la iniciativa europea, tampoco se discrimina ni se excluye sistemáticamente a los actuales gigantes del Cloud estadounidense, sino que más bien se cuenta con ellos de cara al futuro, y de hecho AWS y Google Cloud (y puede que en un futuro lo haga también Microsoft) han estado colaborando ya con los grupos de trabajo técnicos de la plataforma europea GAIA-X. Éste sería un punto clave, puesto que hoy en día y dado el actual panorama tecnológico del sub-sector cloud, resultaría inconcebiblemente infructuoso tratar de lanzar un proyecto de Cloud europeo sin contar para nada con los jugadores dominantes estadounidenses y basándose en la confrontación total: es mucho más inteligente y efectivo sumar fuerzar, crear un proyecto europeo propio, y colaborar donde sea posible con los estadounidenses, atrayendo a sus empresas Cloud y a su personal especializado hacia la órbita y hacia los intereses europeos, y esto no puede ser hecho de otra forma más que dándoles parte del negocio, pero en esta ocasión poniendo la plataforma “made in Europe” y también las reglas del juego, en lo que sería una buena jugada de Bruselas: “si no puedes con tu enemigo, y no te conviene unirte a él, haz que le resulte atractivo que él se una a ti”. No se me ocurre mejor aproximación ni mejor estrategia, que podría subsanar errores de fracasos pasados, y que esperemos que acabe ahora dando sus frutos.

Algunos augurarán un nuevo fracaso tecnológico europeo, pero en Europa tenemos varios e importantes casos de éxito en Tecnología de los que tomar ejemplo

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No se puede negar que los europeos hasta el momento no hemos sido ni especialmente visionarios en el advenimiento de la “sociedad tecnológica” ni especialmente reactivos una vez que hemos llegado tarde a futuros como el propio Cloud que nos ocupa hoy. Hay algunos proyectos tecnológicos europeos que ya en el pasado han fracasado estrepitosamente, como pudo ser por ejemplo el tratar de crear allá por 2008 un Google europeo (por cierto, una iniciativa también franco-alemana). También otras iniciativas con ciertos toques tecnológicos, pero en un plano más medioambiental, como la famosa “tasa del carbono”, han resultado en un sonoro fracaso europeo. Pero no porque hayamos cosechado algunos fracasos en el pasado, especialmente comprensibles cuando nos lanzamos a inventar liderando un futuro siempre imprevisible, vamos a tener porqué denostar sistemáticamente la capacidad técnica del continente europeo. Aquí hay grandes profesionales técnicos, gran capacidad tecnológica, y desde hace algunos años también una clara conciencia digital y voluntad de liderazgo 4.0 entre nuestros dirigentes, de las cuales la mejor demostración ha sido la pionera legislación de derechos digitales europea, la innovadora estrategia europea del dato, o la no menos visionaria regulación “made in Europe” de la emergente Inteligencia Artificial.

Pero es que además, por contrariar un poco a los que pecan de ser demasiado auto-flagelantes (con todos mis respetos, porque su parte de razón en la oportuna auto-crítica no les falta), en Europa también contamos con aplaudidos y loables casos de gran éxito técnico y tecnológico, lo que ocurre en parte es que tampoco se puede acertar en todo, y menos cuando tratas de inventar el futuro (si se falla en reinventar la rueda, entonces la cosa ya sí que es más censurable). No podemos dejar de citar entre esos terrenos en los que Europa ha demostrado una clara voluntad y capacidad de liderazgo técnico mundial al éxito del modelo de energías renovables con el que Europa ha iniciado una decidida y clara transición energética que ya no tiene marcha atrás, incluso por boca de reconocidas voces del sector petrolífero como es el economista Daniel Lacalle. Tampoco se puede negar el gran impulso que desde Europa se ha logrado imprimir al coche eléctrico, que si bien no es todavía a día de hoy una realidad apta para todos los casos de uso, resulta innegable que el vehículo de propulsión eléctrica no sería lo que es hoy en día sin el decisivo empujón que se le ha dado desde esa Europa que apostó decididamente por él. Y ello a pesar de que el camino no ha sido ni mucho menos fácil, aunque finalmente Bruselas por fin se aclaró las ideas y de paso nos aclaró cuál era el futuro del coche eléctrico (y del diésel) en Europa. Porque no lo duden, sea excesivamente caro o no, tenga una autonomía aún mejorable, etc. el coche eléctrico ha llegado para quedarse, y además es que es una tecnología que reporta incontables ventajas para la socioeconomía europea, además de por supuesto para el medio ambiente.

Pero luego tenemos ya espectaculares casos de (gran) éxito de tecnología europea, como ha sido el poco conocido caso de las ciudades inteligentes. Estas ciudades inteligentes son un disruptivo concepto de socioeconomía urbana y rural que está ya a día de hoy beneficiando a los ciudadanos en múltiples aspectos de sus vidas, que a menudo pasan desapercibidos, pero que están ahí en la sombra haciendo que la tecnología trabaje para mejorar nuestro día a día. Así, la adaptabilidad de los movimientos de masas por una ciudad, la coordinación de los servicios de emergencia y su sincronización con los semáforos de las vías urbanas, la sincronización de los medios de transporte multimodales incluyendo la última milla con patinetes o taxis, las previsiones de afluencia a eventos masivos como conciertos o encuentros deportivos, la sostenibilidad y la eficiencia energética derivada de una gestión inteligente del alumbrado y la climatización, la optimización de la recogida de residuos planificando rutas según la demanda mediante la lectura de sensores en los contenedores, los edificios inteligentes y en especial su aplicación a la demanda turística y su convivencia con la local, el diseño y dimensionamiento de los servicios públicos y las redes de abastecimiento etc. etc. etc. En todos estos casos de uso y más, en toda Europa, ya es omnipresente esa tecnología de ciudades inteligentes en la que los europeos somos líderes mundiales, y en las que el resto de países del planeta nos miran para seguir nuestro camino. Además son tecnologías que ya están reportando gran bienestar, empleo, beneficios económicos, y reputación a una Europa que apostó por ello de forma pionera desde el principio.

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Y correremos un tupido velo sobre el Plan Nacional español de Territorios Inteligentes, por el cual esa España que en su momento fue todo un líder mundial en ciudades inteligentes (incluso dentro del ya líder mundial que era Europa), y a la que miraban desde todo el planeta para ver qué camino tomar, ahora ya no es ni la sombra de lo que era (si es que queda algo de aquel exitoso Plan Nacional). El hecho es que desde el sector se quejan de que inexplicablemente apenas se ve ya impulso desde la administración española, cuando todavía es muy necesario para la industria, y desaprovechando flagrantemente la posición de liderazgo y reputación que tanto costaría labrar en su momento. Esto resulta especialmente inconcebible dado el gran recorrido que esta tecnología todavía tiene por delante, y lo es doblemente en una gran potencia turística como es España. Pero España muchas veces acaba teniendo su tabla de salvación en esa Europa que no se rinde, y que sigue demostrando tener muchas ganas de seguir inventando la Europa 4.0: un disruptivo salto adelante que en algún momento nos llegará también a España. Seguro que en Europa cosecharemos fracasos y éxitos como hasta ahora, y esperemos que el caso del Cloud europeo pueda ser contado entre los éxitos, pero el fracaso seguro es rendirse incondicionalmente sin ni siquiera haberlo intentando, y ponerse en manos de superpotencias extranjeras totalmente ajenas a nuestros valores e intereses. En todo caso, este Cloud “made in Europe” es lo mejor (y lo único) que podíamos hacer, en vez de resignarnos a entregar nuestra mejor materia prima, los datos de los europeos, a esas empresas extranjeras. Europa 4.0 es el futuro, y ni siquiera intentar ser dueños de nuestro propio futuro supondría el peor de los fracasos para el proyecto europeo, pero también para los propios ciudadanos europeos como personas. Never Never Never Surrender.

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