Bruselas impone la nueva factura de la luz para todos: el cliente pagará en función de cómo, cuándo y dónde usa la red

Nueva Factura Luz Europa
  • Sin una reforma del sistema tarifario, el riesgo es que la electrificación avance, que haya que reforzar masivamente las redes y que el encarecimiento acabe repercutiendo de forma lineal en hogares y empresas.

  • La modificación se incluye en un borrador con el que la UE quiere retocar el Reglamento europeo 2019/943 del mercado interior de la electricidad.

Sergio Delgado

Se avecina nueva factura de la luz en Europa. En teoría, la Comisión Europea prepara una reforma para que los peajes de acceso a la red dejen de ser una partida casi fija y pasen a depender mucho más del uso real que cada consumidor haga del sistema eléctrico.

En la práctica, no solo importará cuánta electricidad se consume, sino también en qué momento se utiliza, en qué zona se encuentra el punto de suministro y qué presión ejerce ese consumo sobre la red.

La modificación se incluye en un borrador con el que Bruselas quiere retocar el Reglamento europeo 2019/943 del mercado interior de la electricidad.

La idea es que las tarifas de transporte y distribución incorporen tres grandes variables:

- Señales de capacidad

- Señales horarias

- Señales locacionales

O sea, más redes, más inversión y una gestión mucho más afinada de los picos de demanda.

Una factura más vinculada al uso real de la red

Hasta ahora, los peajes eléctricos se diseñan sobre todo para recuperar los gastos reconocidos a los operadores de transporte y distribución.

La propuesta europea va un paso más allá y plantea que también sirvan para ordenar la demanda y reducir inversiones innecesarias. Eso significa que un consumidor podrá pagar más o menos según el impacto que cause sobre la infraestructura.

La primera pata de la reforma son las señales de capacidad. Con ellas, el usuario no pagaría únicamente por los kilovatios hora que consume, sino también por la potencia que obliga a reservar al sistema en los momentos de mayor tensión.

El objetivo es atacar uno de los problemas más caros del sistema eléctrico: los picos de demanda. Cuando muchas cargas coinciden en determinadas horas, la red debe dimensionarse para soportar ese máximo, aunque el resto del tiempo quede infrautilizada.

Este punto puede afectar especialmente a industrias electrointensivas, centros de datos, grandes superficies, electrolizadores, instalaciones de recarga rápida o consumidores con baterías.

En todos esos casos, la señal regulatoria empuja a desplazar consumos, repartir mejor la demanda o contratar potencia de forma más precisa.

La hora a la que se consume también contará

La segunda gran novedad es la introducción de señales horarias más claras en los peajes de red. Bruselas quiere que no cueste lo mismo usar la red en un tramo saturado que hacerlo en una franja con menor tensión o con abundante generación renovable.

En sistemas como el español, donde la fotovoltaica gana peso cada año, hay horas centrales del día en las que la oferta renovable se dispara y otras, especialmente al caer la tarde, en las que la presión sobre el sistema aumenta.

Si las tarifas reflejan esa diferencia, el consumidor tendrá incentivos para adaptar hábitos, cargar el coche en horas más favorables, programar consumos o aprovechar mejor baterías y autoconsumo.

El factor más delicado será pagar según la zona

La tercera pieza es probablemente la más sensible: las señales locacionales. El planteamiento es que el precio de usar la red no sea idéntico en todos los puntos, sino que refleje si una zona está más o menos tensionada, si necesita refuerzos o si concentra nuevas conexiones de demanda o generación.

Traducido al recibo: conectar una gran instalación en un área con redes saturadas podría resultar más caro que hacerlo en otra con mayor capacidad disponible.

Esto no solo afectaría a la industria. También puede influir en el despliegue de almacenamiento, renovables, hidrogeneras, recarga de vehículos o nuevos desarrollos vinculados a la electrificación.

Por qué Europa quiere cambiar ahora los peajes

El motivo de fondo es, cómo no, económico. Los costes de red ya pesan de forma notable en la factura eléctrica europea y, según los datos manejados por la Comisión, representan de media entre el 24% y el 29% del recibo doméstico.

A eso se suma una necesidad de inversión gigantesca: las redes de transporte y distribución en Europa podrían requerir entre 75.000 y 100.000 millones de euros anuales hasta 2050.

Sin una reforma del sistema tarifario, el riesgo es evidente: que la electrificación avance, que haya que reforzar masivamente las redes y que el encarecimiento acabe repercutiendo de forma lineal en hogares y empresas.

Lo que propone Bruselas es repartir mejor esa factura y premiar, al menos en teoría, a quien use la red de manera más eficiente.

Baterías, industria y contadores inteligentes

El borrador dedica además un apartado específico al almacenamiento. La Comisión quiere evitar que las baterías soporten una doble carga por consumir y volver a inyectar energía, una de las quejas recurrentes del sector.

La intención es que las tarifas reconozcan los beneficios que estos activos aportan a la red y se limiten a los costes que realmente generan.

Bruselas quiere que al menos la mitad de los consumidores europeos disponga de contador inteligente en 2030 y que la cobertura alcance el 65% en 2033. Veremos si es posible.

Imágenes | Johannes Plenio, Liesa Johannssen/Reuters

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